Fernando Jofre telefónica

La virtualización de escritorios (VDI por sus siglas en inglés), como sabemos consiste en hospedar el sistema operativo y sus aplicaciones en una máquina virtual alojada en un servidor centralizado, desde el que se ejecuta y se almacena todo lo que el usuario necesita para su trabajo.

Ante el reto de la transformación digital de las empresas, y para aumentar la productividad de los empleados, no pocas empresas la afrontan apostando por la virtualización de escritorios, que independiza totalmente al usuario del dispositivo que utiliza para trabajar. Hasta tal punto que en un momento dado este dispositivo podría ser hasta una Tablet, si los requisitos de movilidad del usuario lo requiriesen, si bien por el factor de forma y la usabilidad no sean lo más recomendado para un empleo frecuente.

Ante el reto de la transformación digital de las empresas, y para aumentar la productividad de los empleados, no pocas empresas la afrontan apostando por la virtualización de escritorios

Estas tecnologías pueden aportar grandes beneficios cuando se trata de gestionar grandes volúmenes de usuarios, dado que tanto el despliegue como las actualizaciones y el soporte se llevan a cabo de forma centralizada. También resulta interesante cuando se trata de dar acceso a personal externo o temporal para períodos cortos de tiempo, y por qué no, para alargar la vida útil del parque informático, que puede “no dar la talla” en aspectos como velocidad de proceso o almacenamiento. Eso sí, la dependencia de las comunicaciones crece de una manera desorbitada… Si éstas fallan, todos los usuarios se quedan literalmente colgados.

Pero abordar estos proyectos supone una serie de retos importantes que el CIO debe abordar y tener en cuenta a la hora de elegir adecuadamente al proveedor que le preste el servicio.

Debe tenerse en cuenta tanto la inversión inicial (tanto de hardware como de software), como el coste total de la operación, las dependencias de estas soluciones en el resto de plataformas, los métodos de trabajo y los dispositivos a emplear por cada usuario. Por otro lado, cuanto mayor sea el número de usuarios, también crecen las opciones y perfiles a dar servicio, que deben ser categorizados adecuadamente. Esto por otro lado también supone una disminución de costes, porque permite utilizar licencias de software únicamente cuando son necesarias.

Otro aspecto importante es que puede facilitar las políticas BYOD, de tal forma que los empleados podrían utilizar sus propios dispositivos y tener acceso a los recursos corporativos desde éstos, y hay que contemplar estas preferencias para no complicar las necesidades tanto de gestión como de mantenimiento.

No debemos dejar de lado tampoco asuntos como la seguridad y el cumplimiento de normativas. Cierto es también que, de hacerse bien, el hecho de centralizar los sistemas operativos, las aplicaciones y los datos que éstas gestionan simplifica la complejidad, el coste y lo que se conoce como “superficie de ataque” de la organización, permitiendo aplicar las actualizaciones y los parches con mayor facilidad y rapidez.

Finalmente, otro detalle de suma importancia es no optar por soluciones cerradas que me impidan cambiar de proveedor cuando sea preciso, en función de la evolución de las necesidades o por el propio nivel de satisfacción que esté consiguiendo con la solución.