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Fue Charles E. Wilson, uno de los más grandes accionistas de General Motors, quien, en 1953, hizo famosa la frase: “lo que es bueno para la General Motors, es bueno para los Estados Unidos y viceversa”.

Este año ha habido otro ejemplo muy importante de este punto de vista. El 2 de diciembre de 2019, Duke Buchan III, embajador de los Estados Unidos en España y Andorra, publicaba en La Vanguardia un artículo sobre la presunta amenaza de la nueva 5G (la quinta generación de las tecnologías y estándares de comunicación inalámbricas).

Buchan venía a decir que el hecho de que China fuera por delante de los Estados Unidos en el tema de la 5G era un peligro de ciberseguridad puesto que, evidentemente, para los Estados Unidos el que China domine una nueva e importante tecnología antes que los Estados Unidos no tiene que ser algo agradable. De aquí la intervención de incluso un embajador en un tema meramente tecnológico… Wilson fue un buen profeta.

Evidentemente para quien no es ni chino ni norteamericano, el dominio de una tecnología foránea no parece algo sumamente relevante y más cuando sabemos el mal uso que varias empresas norteamericanas (Google, Facebook, etc.) hacen de nuestros datos. Para muchos resulta incluso lícito pensar que puede haber más seguridad en la nueva tecnología 5G si no está bajo el dominio de los Estados Unidos de Norte-América…

No hay que olvidar que, en su día, Francia decidió que en sus ministerios no se utilizasen los teléfonos móviles inteligentes de la marca Blackberry por el peligro de que los estadounidenses (hasta hoy los únicos que han hecho explotar bombas atómicas contra civiles…) se enteraran de informaciones que la seguridad nacional francesa pretendía mantener secretas…

¿Y qué es 5G?

Se trata del futuro e ilusionado soporte del llamado “Internet de las Cosas”. Una tecnología de comunicaciones que se ha de convertir en un nuevo estándar y la tecnología de comunicaciones que, desde este año 2019, se nos está presentando como una espectacular panacea de cara a un futuro cada vez más próximo.

La llamada 5G es, como se ha dicho, la quinta generación de las tecnologías y estándares de comunicación inalámbricas y, de hecho, el Internet que usan los smartphone (teléfonos móviles inteligentes) para poder conectarse a cualquier lugar. No deja de ser la continuidad y mejora del actual 4G/LTE. Básicamente, la 5G ha de permitir una velocidad de navegación por Internet mucho más alta que la actual y, con esto, tiene que permitir que más dispositivos se conecten al mismo tiempo.

Un elemento muy importante de la nueva 5G es la reducción de lo que se denomina “latencia”

Esto es del todo imprescindible para el nuevo Internet de las Cosas (la posibilidad de que varios dispositivos de todo tipo se conecten en Internet y entre sí).

Hasta ahora, el estándar oficial ya ha sido aprobado (desde diciembre del 2017) y tiene que permitir velocidades 10 y 20 veces más altas que las disponibles hasta ahora. Además de la velocidad (que pasa de 200 Mbps del 4G a 1200 Mbps del 4G+ hasta los 10.000 Mbps de la futura 5G), un elemento muy importante de la nueva 5G es la reducción de lo que se denomina “latencia” (que vendría a ser el conjunto de retrasos temporales en la red y determina el tiempo real que tarde al transmitirse un paquete de datos). Se pasa de latencias de 100 milisegundos (4G), a 20 milisegundos (4G+) y hasta latencias de tan solo 1 o 2 milisegundos (5G).

Salvo algunas declaraciones anteriores (de la empresa Qualcomm en 2018) y demostraciones como las de Vodafone o Huawei (también en el 2018), lo cierto es que 2019 ha marcado la aparición de los primeros smartphones con 5G (Samsung o Huawei) e incluso, el 9 de abril de 2019, se completó según parece la primera red 5G en Uruguay (fruto de la colaboración de la empresa ANTEL con el apoyo de Nokia).

Todavía en mantillas, lo cierto es que se espera para 2020 y años sucesivos la aparición e implantación con fuerza de la nueva 5G que tanto preocupa al embajador de los Estados Unidos…