Cuando la Presidenta de Microsoft, María Garaña, inopinadamente, (de forma insólita en esta compañía), empieza a criticar a sus competidores, es que las cosas no le van bien en su casa.

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La multinacional de Bill Gates se la jugaba con el lanzamiento de Windows 8 y es pronto para decir que haya cuajado en el mercado. La propia Garaña, en la misma entrevista, afirmaba que las ventas del nuevo sistema operativo iban muy bien (¿se imagina alguien que hubiera contestado que no se están cumpliendo las expectativas de ventas?).


Lo cierto es que nunca sabremos la realidad de sus ventas, porque no las publican, pero yo particularmente deduzco que existen serias dudas sobre la bondad del número de copias vendidas. Todos los directivos de grandes compañías con los que he tenido ocasión de comentar el asunto, me han expresado de forma unánime, que ni de lejos se están cubriendo las expectativas de ventas.


Creo que Microsoft no ha dicho la verdad sobre la funcionalidad de Windows 8. Es evidente que el sistema funciona muy bien a nivel de Tablets o de dispositivos con pantalla táctil, pero no es práctico en un PC convencional que ya tuviera instalado Windows 7, o, incluso XP. Yo sustituí en mi equipo Windows 7 por Windows 8 y estoy totalmente arrepentido: para empezar, me dejó de funcionar la unidad de DVD (solucionado posteriormente por el fabricante de hardware) y, curiosamente también, dejó de estar operativo el OCR de la impresora… Y todo para seguir utilizando el modo escritorio. No vale la pena, y Microsoft debería decirlo.


Si a todo esto le unimos que el acuerdo con Nokia tampoco le funciona como esperaba, que ha tenido que reconvertir Messenger en Skype porque también se lo comían, y otros frentes abiertos, como la dramática caída en el mercado de consumo, la cosa no está nada clara para su futuro.


Y lo peor de todo es que quien se está beneficiando de su situación es Google. Un auténtico peligro para todos, por el carácter de monopolio que está adquiriendo: o le plantamos cara entre todos, o Google nos acabará obligando a que vayamos al restaurante que nos marque, nos compremos el coche que ellos quieran, la ropa que nos propongan, la comida que prefieran y, lo peor, que nos tendrá secuestrados, sabiendo perfectamente donde estamos en cada momento.


Por el bien de todos, ¡Microsoft, recupérate!