La geopolítica tecnológica vuelve a situar a los semiconductores en el centro del debate europeo. En Bruselas, la coalición SEMICOM (integrada por nueve países, entre ellos España, Alemania y Francia) ha presentado ante la Comisión Europea una Declaración conjunta respaldada por los 27 Estados miembros. La meta: impedir que la industria continental quede rezagada frente a gigantes como Estados Unidos o China, en un contexto en el que los chips se han convertido en un recurso estratégico para sectores tan diversos como la automoción, las telecomunicaciones, la defensa o la transición energética
La iniciativa coincide con la revisión de la Ley Europea de Chips, aprobada en 2023 como gran estrategia para duplicar la capacidad de producción de semiconductores en la Unión de aquí a 2030. El nuevo documento no se limita a una actualización técnica, sino que fija prioridades políticas que marcarán la agenda industrial europea en los próximos años.
“Los semiconductores son la columna vertebral de sectores estratégicos como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones o la automoción. Asegurar una posición sólida de Europa en esta industria es fundamental para su liderazgo tecnológico y su prosperidad a largo plazo”, recoge el texto aprobado en Bruselas.
Cinco prioridades para los semiconductores
La Declaración detalla una hoja de ruta con cinco grandes líneas de actuación. La primera apuesta por reforzar la colaboración entre la industria, el mundo académico y las pymes. Se trata de generar un ecosistema de alianzas que abarque desde los proveedores hasta los mercados finales, asegurando la viabilidad de toda la cadena de valor europea.
La segunda se centra en la financiación. Los Estados miembros reclaman coordinar fondos nacionales y europeos, tanto públicos como privados, y acelerar la aprobación de proyectos estratégicos. El acceso ágil a capital privado se considera clave para competir con las millonarias inversiones que ya están desplegando Estados Unidos y Asia.
Los semiconductores son la columna vertebral de sectores estratégicos como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones o la automoción
La tercera prioridad aborda uno de los cuellos de botella más visibles: la falta de profesionales especializados. El documento propone impulsar la formación de una cantera de talentos europeos en semiconductores, tanto en el ámbito de la ingeniería como en perfiles técnicos y de producción.
Otro punto destacado es el compromiso con la transición verde. La coalición SEMICOM plantea que el desarrollo de chips y componentes debe contribuir a una fabricación más limpia y eficiente, en línea con los objetivos climáticos de la UE. Finalmente, se subraya la importancia de mantener relaciones globales con socios afines, con la vista puesta en crear cadenas de suministro resilientes que reduzcan la dependencia de Asia.
El papel de España y la dimensión internacional
España figura entre los nueve países impulsores de la coalición, constituida en marzo de 2025. El Gobierno ha reiterado en varias ocasiones su voluntad de situar al país como un nodo de referencia en diseño y fabricación avanzada, apoyándose en los fondos europeos y en el PERTE Chip, dotado con más de 12.000 millones de euros.
En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas y restricciones a la exportación, Europa busca reforzar su autonomía estratégica sin renunciar a la cooperación internacional. “Fomentar la colaboración global con socios internacionales afines no es una opción, sino una necesidad. Solo así se podrá garantizar una cadena de suministro estable y diversificada”, remarca la Declaración.
La industria privada también se compromete
Junto al documento político, la Comisión Europea ha recibido una declaración de respaldo por parte del sector privado. Empresas tecnológicas, fabricantes de chips y asociaciones industriales han mostrado su apoyo a los objetivos de la Ley de Chips. Esta convergencia entre el sector público y privado refuerza la idea de que la competitividad europea dependerá de la capacidad de colaboración a gran escala.
Para la industria, el desafío no es solo fabricar más chips, sino producir aquellos que resultan críticos para la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento. El reto implica atraer inversión extranjera, pero también desarrollar capacidades propias que reduzcan vulnerabilidades en áreas sensibles como la defensa, la energía o las telecomunicaciones.
Un punto de inflexión para la inteligencia artificial en Europa
Más allá del debate industrial, lo que está en juego es la posición de Europa en la carrera global de la inteligencia artificial. Sin un suministro sólido de semiconductores avanzados, cualquier estrategia en materia de IA se vería limitada. La Declaración SEMICOM conecta ambos debates, dejando claro que chips y algoritmos forman parte de una misma ecuación para el futuro tecnológico del continente.
La revisión de la Ley de Chips que ahora se inicia será decisiva. La pregunta es si Europa logrará transformar este consenso político en proyectos tangibles capaces de competir en escala y rapidez con las iniciativas de Estados Unidos o Asia.



