Kyocera organizó hace unos días un afterwork dirigido a CIOs y responsables de TI para analizar en profundidad los retos y oportunidades que presenta la implantación de la Inteligencia Artificial y la automatización en las organizaciones. Durante la jornada se pusieron sobre la mesa diversas reflexiones estratégicas que abordan desde la estructuración previa del trabajo hasta la gobernanza de estas nuevas tecnologías.
El debate comenzó abordando la necesidad imperativa de ordenar las operaciones antes de aplicar inteligencia a los procesos. En un contexto donde la prisa por implementar IA es generalizada, se cuestionó cuántas organizaciones cuentan realmente con sus procesos bien definidos y si es posible automatizar con inteligencia algo que previamente ni siquiera se encuentra ordenado.
A la hora de iniciar este camino, se analizó el dilema de si las empresas deben dar prioridad a los procesos que generan un mayor impacto para el negocio o si resulta más adecuado comenzar por aquellos cuya automatización es más sencilla. Vinculado a este aspecto, se lanzó la provocación sobre si las organizaciones están digitalizando ineficiencias, planteando cuántas veces se automatiza un proceso simplemente para ejecutar de forma más rápida algo que de origen se estaba haciendo mal.
En relación con el flujo de trabajo operativo, se constató que buena parte de la información sigue ingresando en las compañías a través de documentos, correos, facturas o formularios. Ante esta realidad, los asistentes debatieron sobre la ubicación del mayor cuello de botella actual, cuestionando si el atasco se encuentra en la captura de la información o en el momento de decidir qué hacer con ella.
Por otro lado, la jornada analizó el salto cuantitativo que supone pasar de automatizar tareas a automatizar decisiones. Si bien durante años la tecnología se ha enfocado en ejecutar tareas individuales, la llegada de una IA capaz de interpretar, decidir y actuar plantea el interrogante de si las organizaciones están realmente preparadas para automatizar procesos completos.
Finalmente, la sesión concluyó examinando quién debe gobernar el proceso cuando la Inteligencia Artificial asume funciones de interpretación, toma de decisiones y ejecución de acciones. En este nuevo escenario, se planteó la posibilidad de que el propio proceso se transforme en el mecanismo que permita controlar y gobernar esa inteligencia.




