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Fraude digital y suplantación Ubilibet

Fraude digital: cómo proteger a las marcas frente a la suplantación de identidad 

La suplantación de marcas en Internet o el fraude digital no siempre comienza con el robo de credenciales o el envío de un correo electrónico fraudulento. En muchos casos, los ciberdelincuentes preparan sus ataques registrando dominios similares a los de empresas legítimas, que posteriormente utilizan para crear páginas web falsas y engañar a los usuarios. Una amenaza que obliga a las organizaciones a ampliar sus estrategias de protección más allá de sus propias webs y sistemas informáticos, adoptando soluciones capaces de proteger el conjunto de su presencia e identidad digital. 

Para las empresas afectadas, la suplantación de identidad en Internet supone un riesgo directo para la relación con sus clientes, la confianza en su marca y el control de su presencia digital. Sin embargo, no todas están prestando la atención necesaria a la protección integral de su identidad online, especialmente en lo que respecta a los nombres de dominio. Una vulnerabilidad que puede convertirse en la puerta de entrada a diferentes modalidades de fraude digital. 

Con motivo del Mes de la Ciberseguridad, Ubilibet recomienda reforzar la prevención del fraude digital mediante un enfoque proactivo que complemente la seguridad de los sitios web corporativos con herramientas específicas de protección de marca. El objetivo es anticiparse a las amenazas que se preparan fuera de la infraestructura de las organizaciones y disponer de soluciones que permitan actuar frente al uso fraudulento de nombres de dominio y otros intentos de suplantación de identidad. 

Más de un millón de ataques de phishing a nivel mundial 

El último informe del Anti-Phishing Working Group (APWG) revela que durante el segundo trimestre de 2026 se registraron más de un millón de ataques de phishing en todo el mundo, un 10,1 % más que en los tres primeros meses del año. El estudio también identifica 941 marcas diferentes utilizadas como objetivo en los ataques detectados durante ese periodo, lo que pone de manifiesto la creciente exposición de las empresas a los intentos de suplantación digital y al fraude digital asociado. 

“Cuando alguien suplanta la identidad digital de una empresa, pasa lo mismo que con un producto falsificado: otros hablan en nombre de tu marca, deciden cómo te ven tus clientes y arriesgan algo que cuesta años construir: la confianza”, asegura Mónica Sorribas, Legal & Brand Protection Manager de Ubilibet. 

Tradicionalmente, muchas compañías han centrado sus estrategias de protección en los sistemas internos, con el objetivo de impedir la entrada de malware o evitar que intrusos puedan acceder a información sensible y enviar comunicaciones fraudulentas a sus clientes. También han reforzado la seguridad de sus páginas corporativas para hacer frente a los ciberataques convencionales. Sin embargo, el escenario ha cambiado. La automatización facilita la puesta en marcha de campañas de suplantación a gran escala, mientras que la inteligencia artificial permite generar contenidos fraudulentos cada vez más convincentes. Entre las técnicas más habituales destaca el registro de dominios similares a los de empresas legítimas para crear páginas web que imitan su apariencia y pueden utilizarse como instrumento de fraude digital. 

“Los dominios lookalike juegan a parecerse casi por completo al de una marca: basta con cambiar una letra, sustituir una ‘o’ por un cero o añadir palabras como ‘acceso’ o ‘pago’. Son pequeños detalles que pueden pasar desapercibidos, pero suficientes para que un usuario crea que está entrando en la web oficial”, explica Mónica Sorribas. 

El propósito de estas prácticas es conseguir que el usuario no advierta que está accediendo a una página falsa, diseñada para robar sus datos personales, obtener sus credenciales o inducirle a realizar compras y pagos que acabarán en manos de los delincuentes. El problema es que el fraude digital no solo compromete la seguridad de quienes caen en el engaño, sino también la reputación de la empresa cuya identidad ha sido utilizada. En algunos casos, los atacantes recurren incluso a dominios legítimos comprometidos, subdominios o cuentas suplantadas para reproducir con mayor fidelidad la apariencia de los canales oficiales. 

Las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del incidente inicial. Las empresas pierden el control sobre su identidad digital y se exponen a un fraude digital que termina perjudicando también a sus clientes, generando una cadena de víctimas que deteriora la reputación de la marca y puede afectar a su actividad comercial presente y futura. De hecho, el éxito de una suplantación no se traduce únicamente en pérdidas económicas para el consumidor que realiza una transferencia o una compra fraudulenta. La compañía también puede perder ventas, sufrir un deterioro de su imagen ante otros clientes y asumir los costes técnicos y humanos derivados de investigar los incidentes y gestionar las reclamaciones. 

Usar herramientas de bloqueo preventivo 

Una de las formas de reducir el riesgo de suplantación consiste en actuar antes de que los ciberdelincuentes puedan registrar dominios similares a los de una marca legítima. Para ello existen herramientas de bloqueo preventivo que impiden la adquisición de determinadas variantes que podrían utilizarse posteriormente para cometer fraude digital. 

Es el caso de AbuseShield, la solución preventiva de Ubilibet que utiliza inteligencia artificial para identificar variantes de dominio con una alta probabilidad de uso abusivo y bloquearlas antes de que puedan ser registradas por terceros. La compañía también dispone de herramientas como GlobalBlock, que permiten bloquear nombres coincidentes con una marca en cientos de extensiones diferentes, reduciendo así las posibilidades de que sean utilizados con fines fraudulentos. 

La combinación de estas tecnologías permite desplegar una estrategia de protección más amplia, dificultando que los ciberdelincuentes encuentren dominios con los que poner en marcha campañas de suplantación y fraude digital. Se trata, en definitiva, de anticiparse a la amenaza en lugar de limitarse a reaccionar cuando el daño ya se ha producido. 

Vigilancia más allá del dominio 

No obstante, las medidas preventivas no eliminan todos los riesgos. Los ciberdelincuentes pueden encontrar otras vías para suplantar una marca y engañar a sus clientes, por lo que la monitorización continua de la presencia digital resulta fundamental para detectar infracciones y amenazas que hayan podido escapar a los mecanismos de protección iniciales. 

Soluciones como BrandIntel, de Ubilibet, permiten identificar posibles usos fraudulentos o no autorizados de una marca mediante la monitorización de páginas web y comercios electrónicos de terceros, analizando sus contenidos y metadatos. De esta forma, las organizaciones pueden localizar páginas falsas, detectar infracciones y descubrir casos de suplantación incluso cuando el nombre de la empresa no aparece directamente en el dominio. Una capacidad especialmente relevante para identificar nuevas modalidades de fraude digital que no siempre recurren a la utilización de dominios similares. 

Fraude digital: cómo proteger a las marcas frente a la suplantación de identidad  1

“Una cosa es conseguir que se retire un contenido y otra muy distinta es recuperar el control de un dominio. Cada situación exige una respuesta diferente y, sobre todo, contar con las herramientas y el conocimiento adecuados para proteger a las marcas”, destaca Mónica Sorribas. 

Desde Ubilibet by team.blue recomiendan, por tanto, no limitar la estrategia de ciberseguridad al refuerzo de los sistemas internos ni esperar a que se produzca una infracción para actuar. La protección más eficaz pasa por combinar herramientas de bloqueo preventivo, vigilancia de la presencia digital y capacidad de respuesta ante posibles amenazas. Un planteamiento integral que permite abordar el fraude digital desde diferentes frentes y reducir la exposición de las organizaciones a los intentos de suplantación. 

Esta evolución refleja la necesidad de avanzar hacia un modelo de protección de marca online en el que la tecnología y el conocimiento técnico-jurídico trabajen de forma conjunta. Solo así las empresas podrán anticiparse a los abusos de identidad digital, responder con mayor rapidez ante las amenazas y proteger tanto su reputación como la confianza de sus clientes frente a las nuevas formas de fraude digital.

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