Tras varios meses desde la entrada en vigor efectiva de la normativa SEPA, desde DATISA se asegura que el proceso de adaptación ha sido, en muchos casos caótico, provocando que muchas pymes cometieran diversos errores en sus procesos de cobro y pago.

Aunque se trata de una situación prácticamente superada, pues según las mismas fuentes, el 90% de las pequeñas y medianas empresas que operan en nuestro país, están ya adaptadas a la normativa europea, lo cierto es que la falta de un criterio homogéneo en tiempo y forma, para las entidades bancarias y la falta de información en muchos casos, provocó que las empresas cometieran errores.

Desde DATISA se apuntan algunas de las situaciones con las que las muchas pymes se encontraron en la puesta en marcha:

Entidades que disponían de varias versiones de estructura de los ficheros, algunas incompatibles entre sí.

Ficheros que incluían campos adicionales no obligatorios. Algunos bancos solicitaron campos que según la norma no eran necesarios.

Personal que carecía de información suficiente para gestionar el cambio y un soporte técnico, literalmente “colapsado” e incapaz de resolver todas las consultas relacionadas con estos nuevos ficheros.

SEPA, luces y sombras

En general, las pymes han echado en falta más información, no sólo por parte de los bancos, sino también a nivel institucional.

A pesar de todo, lo cierto es que a día de hoy, casi todas las empresas y demás agentes implicados en el proceso, han conseguido adaptarse a la SEPA, si bien aún podemos hablar de un 10% de organizaciones que siguen utilizando las normas 58 y 19.