La ventaja de no tener tantos lectores como Vargas Llosa es que, de vez en cuando, puedes repetirte en alguna anécdota o dato que te puede ser recurrente. Es mi caso, cuando vuelvo a recordar que no hace tanto tiempo (unos treinta años) la facturación de la segunda compañía informática en España (Sperry, la que es ahora Unisys) era exactamente la misma cifra que los beneficios de la primera en ingresos totales. Sí, estoy refiriéndome a IBM, que, a mayor abundamiento, en algún momento de sus cien años de historia, llegó a tener el 60 % de market share a nivel mundial.

 IBM pudo ser socio de Microsoft cuando ésta era pequeñita, y la despreció junto con su MS-DOS y posterior Windows. Un acto de prepotencia que la llevó a los pocos años a tener que dejar de ser la número uno, y, lo que es peor, a tener que llevar a cabo una  reestructuración en la que dejó en el paro a casi la mitad de sus 300.000 empleados de entonces. A pesar de todo, aprendió la lección y hoy es una compañía próspera y muy rentable.

 Lo padecido por el Gigante Azul no parece que haya servido de ejemplo para otras compañías punteras. Han sido muchas las que se han quedado por el camino. Y, en este momento, hay dos que me temo pueden pasar por calvarios semejantes: Nokia y Microsoft. Ambas están sufriendo situaciones delicadas, de replanteamientos vitales, en las que, sarcásticamente, han coincidido y, tal vez, se hayan juntado para en un esfuerzo común de intentar remontar el vuelo.

 La finlandesa, hasta hace bien poco, dominaba, con una insultante ventaja, el mercado de la telefonía móvil. Pero, en cuestión de meses, con las buenas maneras de hacer de sus principales competidores (Apple con su iPhone, y Google con su Android) la han puesto en un mar de dificultades, que le han llevado a caer en los brazos de Bill Gates: por su bien, ojalá no sea el abrazo del oso…

 Microsoft es caso aparte. Es calcado al de IBM. Se pensaron que lo sabían todo, y que, lo que desconocían, lo podían comprar. No ha sido así. Salvo sistemas operativos y Suites, donde hay que reconocer que todavía lo controlan con soltura, en el resto de mercados donde se introdujo para continuar su crecimiento sin fin, se están encontrando con auténticos muros.

 El muro más duro está siendo Google: sin aparente esfuerzo, va cercenando el dominio de Microsoft. Además, con un peligro inminente: el intento de la empresa del buscador por entrar en los sistemas operativos y las Suites con su Chrome: si éste funciona, y todo parece indicar que va a ser así, Microsoft va a dejar de tener un problema y va a tener que empezar a buscar una solución para su supervivencia.

 ¡Ah! Nos queda Google. Lo escribo hoy, en junio de 2011: están cometiendo ya los mismos errores que IBM y Microsoft; cada día los veo más prepotentes y sabiondos. A ver si los de Facebook, que también me caen gordos, les dan un poquito de caña. ¡Odio las dictaduras y los monopolios!