A los que nos pasamos la vida criticando y censurando lo que hacen otros (es nuestro “triste” trabajo), a veces nos podrían increpar: ¿y, tú, listo, qué harías?

Hago esta reflexión al hilo de un pensamiento que me corre por la cabeza sobre cómo se gastan el poco (o mucho) dinero que tienen disponible nuestros responsables políticos en promocionar el desarrollo de la Innovación.

Y me planteo qué haría yo con ese montón de millones presupuestados cada año para invertir en este mercado. Me respondo rápido: ¡ni idea! Para, seguidamente, volverme a preguntar: ¿pero, realmente, los políticos de turno que deciden esas inversiones saben más que yo sobre la materia? Pues, seguramente, no.

Todo esto me lleva a colegir que sería imprescindible que gente preparada, al margen de cualquier ideología o cambio político, fuera la encargada de establecer planes a largo plazo, políticas de incentivación, control y desarrollo de la I+D española.

Tiene que ser estupendo sentarse en el sillón del responsable de turno, léase, en nuestro caso, el de Secretario de Estado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, recién nombrado, y tener 300 millones de euros de presupuesto para “repartir”. ¿Por dónde empiezo?

Estoy harto de escuchar a responsables políticos de todo signo que las nuevas tecnologías son la llave del futuro de un país, que son las que nos permiten ser competitivos y las que pueden crear más puestos de trabajo, sobre todo de calidad. Pero, una vez que llegan al gobierno parece que se les olvida todo lo afirmado.

Sé que es complicado, por no decir imposible, que, como comentaba más arriba, fuera un comité de auténticos expertos quienes diseñaran las opciones que tiene España en este campo, y los recursos que necesitaría para llevarlo a buen puerto.

Mientras tanto, hasta que llegue ese momento (que no llegará), seguiremos teniendo que soportar como inútiles de todos los colores ocupan puestos para los que no tienen la menor idea, y, además, reparten el dinero entre sus amigos. Peor, imposible.


En el número anterior me despaché a gusto con María Garaña, que ya ha dejado la máxima dirección de la filial española de Microsoft. Siempre que escribes algo negativo de alguien, te llega la pregunta de si acertarás o si te pasarás. Esto me ocurre a menudo. En ese caso, estoy reconfortado porque las muestras de acuerdo a mi crítica, sobre cómo llevó la compañía en los últimos años, ha sido unánime: no pensaba que la pudieran tener tanta manía….