La masiva producción y venta de equipos electrónicos, unida a su rápida obsolencia, provoca un constante aumento de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEES) en todo el mundo que cada vez resulta más difícil frenar.
Dentro de este panorama mundial, los españoles producimos al año más de 200.000 toneladas de basura electrónica, según el Ministerio de Medio Ambiente.
Algunos investigadores calculan que cerca del 75% de estos productos terminan almacenados en nuestros hogares o en vertederos de inertes, que no están preparados para su depósito. La mayor parte de los ordenadores, teléfonos, impresoras y dispositivos tecnológicos contienen sustancias peligrosas tales como plomo, mercurio, cadmio y otros metales pesados con un alto nivel de toxicidad. Como dato, es necesario señalar que una pila de mercurio es capaz de contaminar hasta 600.000 litros de agua y que son necesarios hasta 18 litros de petróleo para fabricar un solo cartucho de tinta.
Todos estos componentes suponen una importante amenaza para la salud de las personas y del medio ambiente. Lo peor es que el 90% de estos materiales termina su ciclo de vida en vertederos de inertes, donde se incineran y llegan a contaminar suelos, aguas subterráneas, etc.
Esta mala gestión se realiza a pesar de que se sabe que la mayor parte de todos estos componentes es reciclable. Como media, los productos electrónicos contienen una gran cantidad de hierro y acero, más del 20% es plástico, el 13% lo componen otros metales y el 5% restante es vidrio. Los cálculos indican que si se reciclara el 70% de las 200.000 toneladas de basura electrónica que se producen en España al año, se podrían recuperar hasta 90.000 toneladas de metales, 30.000 de plásticos y 13.000 toneladas de vidrio.
Debido a esta problemática y a la creciente preocupación por el cuidado del medio ambiente, los organismos oficiales han entrado en escena. Se han creado numerosas medidas y dispositivos para fomentar el reciclaje entre la población. En este nuevo camino de legislación sobre medio ambiente la Unión Europea ha emprendido su particular batalla. Uno de los resultados de esta nueva tendencia es la normativa sobre el reciclado de RAEES que está vigente desde el verano de 2005.
La ley establece que los usuarios, empresarios, fabricantes y distribuidores tienen la responsabilidad de gestionar el reciclaje de los aparatos cuando éstos queden obsoletos. Más aún, dentro de esta normativa, quienes deben hacerse cargo de la recogida y entrega de los RAEES a un reciclador, es el fabricante.
Las principales multinacionales que producen estos aparatos ya han respondido. Algunas de ellas se han comprometido a eliminar la mayoría de estos componentes peligrosos en el proceso de fabricación de los productos que comercializan; aunque todavía son muchas las compañías que no han anunciado ningún tipo de medida para paliar los vertidos al medio que provocan.
Esto muestra que una parte del problema comienza a solucionarse con la toma de conciencia por parte de los fabricantes, pero todavía queda un largo camino que recorrer hasta lograr que el proceso de reciclado de los residuos electrónicos esté totalmente asentado dentro del panorama empresarial mundial.
Los beneficios del reciclaje son numerosos; ahorra recursos naturales, protege el medio ambiente y mejora las condiciones de salud para las personas. Por otra parte, ésta resulta ser la mejor forma de devolver al ciclo productivo materias primas tales como hierro, cobre y aluminio, que pueden llegar a ser muy contaminantes si no se tratan adecuadamente.
Por otra parte, no nos podemos olvidar que llevar a cabo este proceso supone un ahorro energético vital en los procesos de obtención de dichos recursos naturales, ya que se reduce la cantidad que hay que obtener del medio ambiente.
Ahora bien, en el caso de realizar cambios de ordenador en la oficina, es importante recapacitar acerca del provecho que le podríamos sacar al anticuado. Actualizar los programas y dispositivos es una alternativa que puede dar resultado.
Si finalmente estamos decididos a cambiar los equipos informáticos, se supone que los fabricantes se deben hacer cargo de la retirada, gestión y reciclado de sus productos obsoletos, como se ha mencionado anteriormente. “Se supone” porque en muchos casos, cuando se trata de Pymes que se quieren deshacer de una pantalla o un ordenador, los grandes fabricantes no disponen de un servicio de recogida.
Resulta caro y difícil llegar a cualquier punto del país en el momento en que las empresas quieran renovar sus aparatos electrónicos. Además, los fabricantes y empresas españolas no disponen de una red efectiva de logística inversa, el principal problema que se plantea a la hora de cumplir la nueva ley europea.
Para abaratar costes y agilizar los procesos de retirada de RAEES han sido muchas las empresas que han delegado en terceros esta responsabilidad. Con ello han conseguido abaratar costes sin saltarse las normativas que han aparecido.

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