Juan Manuel Sáez de la Calle, Director de la Revista Byte TI huawei

El director de Byte TI, Juan Manuel Sáez, está a punto de jubilarse. El coronavirus ha hecho que la celebración de su retirada profesional haya tenido que posponerse. Durante la entrega de los Premios Byte TI, en los que íbamos a celebrar nuestro vigésimo aniversario, pensaba leer este texto de homenaje a su labor que pusiera colofón a una de las carreras periodísticas más prestigiosas del sector TIC. Como no ha podido ser, de momento, me parece oportuno escribirlo aquí.

Ahora que se nos llena la boca hablando de la importancia de las personas en los procesos de transformación digital y que, en muchas ocasiones suena a un mero reclamo de marketing, el “jefe” como así le llamamos todos los que hemos trabajado con él, siempre ha demostrado que eso es lo más importante de cualquier trabajo o empresa.

Hace 20 años, el jefe decidió fundar MKM Publicaciones. A pesar de lo que pudiera parecer, no lo hizo con el fin de emprender, montar una editorial y dejar de depender de accionistas o del CEO que no compartían su visión. No, la razón fue la de que un conjunto de jóvenes chavales que estábamos en nómina en MC Ediciones no pasáramos a engrosar las listas del paro. Él había apostado por nosotros sólo un par de años antes, nos había sacado de nuestros trabajos para embarcarnos en un nuevo proyecto, (relanzar la extinta Byte) y se sentía en deuda con nosotros. De todo el equipo que formábamos Byte, él era la única persona que podía haber mantenido su puesto. Sin embargo, eligió poner por delante a las personas. Se solidarizó con sus compañeros y puso buena parte de su dinero para fundar MKM Publicaciones y Byte TI… y de paso hacer que todos pudiéramos seguir trabajando.

Las personas son lo primero y esto es algo que se debería tener en cuenta, no sólo en un proceso de digitalización, sino también en cualquier ámbito de la vida. Esta filosofía de vida, JuanMa la ha practicado durante toda su trayectoria laboral. Y por ello es un ejemplo viviente para cualquiera que tenga un puesto directivo o quiera emprender. Y es algo que no se enseña en ninguna facultad ni escuela de negocios.

A mi me sacó del extinto PVD, una revista que en aquel momento lideraba las publicaciones dirigidas al canal de distribución. Sólo me conocía de oídas. Yo a él sí le conocía: su nombre no paraba de repetirse en cualquier mentidero del sector tecnológico. También le veía en ruedas de prensa y aunque parecía una persona seca y distante, mostraba un halo de tener algo diferente al resto de directores de revistas: en esas ruedas de prensa no necesitaba realizar preguntas innecesarias para demostrar ser el mejor periodista. Tampoco parecía alegrarse por los cumplidos, más bien al contrario. Todo ello lo pude confirmar en la primera entrevista que tuve con él y en la que me ofreció el puesto de redactor jefe de Byte. Lejos de hacerla en un despacho, me invitó a comer en un modesto y excelente restaurante mejicano.

Lo que más agradezco de JuanMa fue algo que me dijo a las pocas semanas de empezar a trabajar con él: “Puede parecerte algo franquista o propio de militares, pero una de las cosas que más valoro es la lealtad”. Con la juventud de aquella época (yo tenía 26 años), no supe valorar totalmente el significado de la frase, pero se me quedó clavada. Y con el paso del tiempo, he comprendido que es una de las palabras que más me ha acompañado durante toda mi vida. LEALTAD.

En un mundo como en el que vivimos, un poco de lealtad nos haría ser algo mejores. Vivimos en una sociedad en la que el engaño y la mentira son patente de corso. Abandonar a la gente a su suerte empieza a ser demasiado habitual. Cuando las cosas se ponen feas, es más fácil huir. JuanMa me enseñó el valor de esa palabra y desde luego, la he adoptado como algo esencial en mi forma de entender la vida. Las personas son lo primero: eso lo sabe y lo practica el “jefe”. Sólo por el hecho de enseñarme, con su ejemplo, el valor de esa palabra y todo lo que encierra ese concepto, le estaré siempre agradecido.

Pero JuanMa también fue un visionario. Ahora que se habla tanto de teletrabajo, él fue de los primeros en incorporarlo en MKM. Y hablamos de hace 15 años, cuando las conexiones todavía no eran lo que son ahora. Porque en el trabajo, JuanMa siempre ha huido de los horarios de oficina. Esa fue otra de las frases que me dijo al contratarme: “Yo no quiero que estés 10 horas sentado en una silla. Me da igual cómo te lo montes. Lo único que quiero es que al final de mes tengamos la mejor revista posible. Y si no la tienes, será entonces cuando tengamos un problema”. Gracias a ello, cuando nacieron mis hijos, mi horario pasó a ser flexible. Era fácil: sólo tenía que tener la revista a finales de mes. Pero gracias a ello, pude disfrutar de la infancia de los enanos y a la vez seguir trabajando. Por eso, todavía me sorprendía que algunos compañeros, antes de que el confinamiento apareciera en nuestras vidas, tuvieran que seguir yendo a la oficina después de una rueda de prensa que acababa a las 14:00 un viernes.

Sí, definitivamente, JuanMa sabe cuidar a las personas. Por eso el jefe pasó a convertirse en un amigo, en alguien de la familia. No dirá nunca un “te quiero”, pero sabes cuando te lo está diciendo. Porque JuanMa sólo expresa sus sentimientos cuando se cabrea. Cuando cometes un error en un texto, cuando llegas tarde a una cita y sobre todo, cuando te pillaba fumando en la cocina. En este caso, el enfado podía durarle unos cuantos días pero sabías que se le había pasado cuando te decía: “Qué a gusto se quedó tu madre cuando te fuiste de casa”.

Juan Manuel Sáez se jubila. El referente periodístico del sector TIC. El visionario del teletrabajo en una redacción. El hombre leal. La persona preocupada por las personas. El amigo. El “jefe”… ¡Qué a gusto se quedó tu madre, cabrón!

Manuel Navarro, redactor jefe de Byte TI

>

3 Comentarios

  1. Llevo casi 10 años trabajando en MKM y corroboro todo lo que comenta Manuel. El Jefe es una gran persona que siempre ha sabido ponerte en tu sitio cuando ha sido necesario y mostrarse amigo cuando lo has necesitado. Yo no llegue al equipo tan joven como Manuel, pero sí que sentí desde un primer momento que se me valoraba como trabajadora y que formaba parte del equipo. Gracias Juanma por estar ahí y ser “mi jefe”

  2. Mi querido amigo y compañero Juanma:
    He leído el entrañable texto de despedida de Manolo con motivo de tu jubilación y no puedo resistirme a dedicarte yo también unas líneas. Nos conocimos allá por el año 1987 trabajando juntos en IDG. Desde entonces, y son 33 años, nunca dejamos de estar en contacto. Como periodistas hemos compartido cientos de viajes, comidas, cenas, ruedas de prensa….y conservo grandes recuerdos de toda esa vida profesional ligada al sector TIC. Inolvidables los viajes a Alemania con algún directivo que se fumaba unos puros enormes en el avión acompañados con un whisky; el regreso de Berlín con las maletas cargadas de piedras del muro que acababa de caer; los incontables viajes a EE.UU. donde siempre teníamos una limousine a la salida del aeropuerto y así un largo etc…
    Eran tiempos en los que las grandes compañías de TI no escatimaban en gastos. Los resultados acompañaban y no había problemas en “tirar la casa por la ventana” cuando se trataba de mimar a “la canalla”. A menudo alojados en hoteles de lujo y asiduos de los mejores restaurantes de Madrid, esta vida de “lujuria” siempre me trae a la memoria tu célebre frase: “cuánto marisco tenemos que comer para llevar un plato de lentejas a casa”.
    Nuestros caminos profesionales fueron cambiando pero eso no impidió que nos entendiéramos estupendamente. Sabes que siempre valoré mucho tu decisión de lanzar una revista por tu cuenta porque conocía muy bien las dificultades que ello entrañaba. El tiempo te ha dado la razón y me gustaría apuntar dos cosas: manifestarte mi admiración por todos esos años al pie del cañón y mi agradecimiento porque siempre estabas “ahí” cuando he necesitado algo en lo que me podías ayudar.
    Amigo Juanma. En lo profesional no hay duda de que nos supimos asociar. Pero en lo personal……también. Tantos años de buena relación degeneraron en una gran amistad, que será lo que conservaremos cuando apagues el ordenador. Quizás hay algo que tiene mala pinta y difícil de resolver: yo soy de la escuela de Lezama y tu “merengue” hasta las trancas. En eso no hay negociación.
    Pero, querido Juanma, no puedo terminar esta despedida sin hacer alusión a una virtud tuya que siempre me produjo una gran admiración. No es otra que tu capacidad en los cócteles de poder mantener una conversación sin perder de vista en ningún momento las bandejas de los pinchos. Creo que no he conocido nunca a nadie más agradecido en ese terreno.
    Me alegro por ti Juanma. Ha llegado el momento de parar y disfrutar de otras cosas de la vida. Que tiemble Jon Rahm…..Ya no tendrás que comer tanto marisco. El Estado se encargará de llevarte las lentejas a casa.
    Un abrazo y hasta siempre,
    Alex Etxebarria Ugarte