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Sebastián Reyna. Miembro de la junta directiva de Cibercotizante
Por Sebastián Reyna. Miembro de la junta directiva de Cibercotizante

Tenemos que contrastar todos los cambios que la pandemia del Covid-19 va a producir en el futuro de la sociedad y en particular en el mercado laboral, sin embargo hay un consenso básico entre todos los agentes privados y públicos cuya primera consecuencia será la aceleración de todos los cambios que ya se venían perfilando en el proceso de digitalización de las empresas y de la actividad económica.

La revolución tecnológica y la aplicación de procesos de robotización en las empresas y en sus relaciones con proveedores y clientes, aconsejaba incluso con anterioridad, modificar la previsión de los perfiles profesionales demandados en el futuro. Para dar respuesta a este reto, resultaba imprescindible revisar en profundidad e incluso sustituir los sistemas de formación profesional, especialmente aquella formación vinculada al empleo y al necesario reciclaje de los trabajadores, a fin de que estos no lleguen a ser inempleables en el futuro.

Los confinamientos vividos y la restricción de la movilidad, ha obligado a las empresas a hacer un uso generalizado del teletrabajo, pero también a intentar poner al día, con desigual resultado, todos sus resortes tecnológicos y todas las posibilidades que las telecomunicaciones les facilitan para llegar con eficacia a sus clientes y facilitarles el servicio demandado. Pero, ¿sus trabajadores estaban preparados para ello? ¿los servicios de acompañamiento, información y soporte han funcionado correctamente?

Nada podemos añadir a los comentarios generalizados sobre los resultados positivos que la experiencia ha significado para superar la tradicional presencialidad de nuestras empresas y también el escepticismo ancestral de muchas de las más pequeñas en relación a las posibilidades que ofrece la tecnología, lo cual obliga a analizar los déficits encontrados y actuar sobre ellos.

La principal dificultad ha venido de la escasa preparación de algunos empleados para afrontar esta nueva situación. Por desgracia, los ciclos formativos en España terminan a edades cercanas a los cuarenta años, por lo cual muchos trabajadores mayores de esa edad, no han podido rendir adecuadamente al tener que afrontar retos tecnológicos que su formación no había contemplado. Por el contrario, entre los más jóvenes habituados al uso de herramientas tecnológicas, se ha puesto de manifiesto un alto nivel de desconocimiento y una falta de experiencia en determinadas capacidades y habilidades necesarias para la relación con clientes, habilidades con las que cuentan precisamente los trabajadores más veteranos.

La principal dificultad ha venido de la escasa preparación de algunos empleados para afrontar esta nueva situación

Urge un intercambio de conocimientos y experiencias entre generaciones, algo que nunca se había probado en nuestro país y que estaba fuera de cualquier programa formativo, que hemos echado en falta al comprobar que esa transferencia de conocimientos era casi imposible.

Contrastar esta realidad deberá servir al menos para realizar un diagnóstico más adecuado sobre cómo debe afrontarse la nueva formación tecnológica, que no implica tan solo el conocimiento de los equipos, sino también de las demandas formativas de personas en una sociedad más compleja y diversa.

La formación dual práctica y el méntoring compartido entre personas con diversas experiencias y habilidades, deben formar parte de cualquier programa formativo futuro, pero es obligado superar la simplificación de estos conceptos. Los trabajadores de mayor edad deben pasar por nuevas etapas formativas y los más jóvenes tienen que profundizar su educación en el conocimiento y el control de una realidad que es más complicada que la que ofrece la pantalla del ordenador.

Sebastián Reyna, Miembro de la junta directiva de Cibercotizante