Back2Work ayudará a mujeres en riesgo de exclusión social en Málaga
Maria Ángeles Sallé. Doctora en Ciencias Sociales, máster en Igualdad de Género y licenciada en CC.PP. y Sociología
Por Maria Ángeles Sallé. Doctora en Ciencias Sociales, máster en Igualdad de Género y licenciada en CC.PP. y Sociología

Al tiempo que la revolución tecnológica en curso -de carácter estructural- se acelera vertiginosamente como producto de la pandemia COVID-19, crece la preocupación en cada vez más entornos de la sociedad por la escasa participación de las mujeres en ella.

Un déficit que presenta consecuencias negativas en multitud de campos, de entre las que destacaremos tres: 1) el peligroso incremento de unas brechas de género que ya eran de por sí elevadas, al excluir de sus beneficios a quienes constituyen más de la mitad de la población, 2) una pérdida incalculable de talento, al no poderse aprovechar los conocimientos y capacidades de la generación femenina más cualificada de la historia, además de renunciar a la inteligencia creativa e innovación que resulta de los equipos diversos, y 3) el enorme riesgo que representa la construcción de una sociedad digital con impacto en la vida de todos los seres humanos y en la del planeta, por parte de un núcleo minúsculo de personas -casi todos hombres- que acapara un poder desmedido. Y que deja al margen a una mayoría entre la que se encuentra, precisamente, la más preparada para comprender y atender los asuntos de la vida. Algo que no solamente plantea un problema de exclusión y falta de diversidad, sino también de seguridad humana y democracia.

Crece la preocupación en cada vez más entornos de la sociedad por la escasa participación de las mujeres en ella

Existe la opinión generalizada de que la pandemia, a pesar del papel central ocupado por las mujeres en su gestión -ya sea desde la trinchera de los servicios esenciales o desde sus hogares-, las ha penalizado de forma desproporcionada, a lo cual se le ha dado un nombre: la “she-cession”. Así, según el último Global Gender Gap 2021 del Foro Económico Mundial, durante el último año el tiempo necesario para cerrar la brecha global de género ha aumentado en 36 años (de 9,5 a 135,5 años), siendo este el peor dato desde que dicho índice comenzó a realizarse en 2006 (WWF, 2021a). Otros informes, alertan igualmente acerca de este retroceso. Un retroceso que se refleja de un modo especial en la pérdida diferencial de puestos de trabajo, también en España.

Pero… ¿es tan grave el problema? Sin duda lo es, y los datos justifican todas las alarmas. Sin embargo, no podemos referirnos a una realidad homogénea ni a la existencia de una única brecha puntual. El mundo tecnológico alberga muchas realidades distintas (desde la conexión a internet hasta la inteligencia artificial) y la presencia femenina en cada uno de estos espacios muestra notables diferencias que dan lugar a un panorama complejo y multidimensional.

Respecto al acceso a internet, según la última Encuesta TIC Hogares del INE (INE-TIC-H, 2020), la brecha de género en el uso diario de internet, de 7 puntos en 2006, había desaparecido en 2020 e, incluso, se aprecia un gap de 2 puntos porcentuales favorable a las mujeres en el tramo de 10 a 15 años y de 1,4 puntos (83,8% vs. 82,4%) entre los internautas de todas las edades que navegan a diario.