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A pesar de que en los últimos tiempos no se deja de afirmar que en los procesos de transformación digital lo primero son las personas, lo cierto es que no es así. Según un informe realizado por Lenovo las organizaciones sitúan los objetivos empresariales y de los accionistas por delante de las necesidades de los empleados a la hora de adoptar nuevas tecnologías. El estudio, realizado entre 1.000 CIOs en toda la región EMEA, concluyó que solo el 6% de los CIOs considera a los usuarios como su principal prioridad a la hora de realizar inversiones en tecnología. Este enfoque de la adopción de TI está generando, en última instancia, una merma para la productividad.

Cuando las empresas implantan nuevas tecnologías sin tener en cuenta el impacto humano, muchos empleados se ven abrumados por la complejidad y el ritmo del cambio, y el 47% de los directores de TI han manifestado que los usuarios tienen dificultades para adoptar nuevos programas informáticos.

Dado que todos los sectores tienen que adaptarse a la «nueva normalidad» y asumir su parte de responsabilidad —con respecto a los empleados, al medio ambiente y al mundo en general—, Lenovo anima a las empresas a que sitúen las necesidades de su personal en el epicentro de las decisiones de TI.

Potencial sin explotar

Es comprensible que las compañías quieran adoptar cuanto antes tecnologías transformadoras, como la Inteligencia Artificial y el Internet de las cosas. Las ventajas que prometen —innovación, mejora de la productividad, reducción de costes y, lo que es más importante, optimización de la experiencia del cliente— son tentadoras para cualquier organización, pero su verdadero potencial no se aprovecha en absoluto si la adopción se basa únicamente en objetivos empresariales.

Sólo el 6% de los CIOs considera a los usuarios como su principal prioridad a la hora de realizar inversiones en tecnología

Si bien la tecnología implantada con éxito debería facilitar que tanto empleados como empresas realicen notables logros, una estrategia deficiente puede hacer que la tecnología se convierta en un inhibidor, al poner obstáculos a los usuarios, cuyas necesidades no se han estudiado y atendido cuidadosamente. Casi la mitad (el 48%) de los encuestados reveló un resultado negativo cuando las implantaciones de tecnología han inhibido activamente la capacidad de funcionamiento de sus equipos.

Las empresas deben centrarse en las personas, ofreciendo todo tipo de servicios, desde una formación integral hasta la gestión del cambio, y asegurarse de que los KPI de liderazgo, la solidez de las políticas y estrategias y los análisis exhaustivos de puesta en marcha estén en consonancia con el valor de dar prioridad a las personas.

Las organizaciones también deberían plantearse preguntas orientadas a su personal en cualquier proceso de adopción: ¿es esta tecnología intuitiva? ¿Resolverá problemas para los empleados en lugar de crearlos? ¿Tendrán los usuarios una buena experiencia? Al adoptar estos pasos, las compañías pueden materializar las ventajas que prometen las nuevas herramientas, con el aumento de la productividad y la innovación que ello conlleva. De hecho, el 52% de los directores de TI son optimistas sobre la capacidad de las tecnologías emergentes para brindar una mayor productividad.

Sin embargo, dado que el 21% de los usuarios afirma que las nuevas tecnologías han ralentizado los procesos, es imperativo que las empresas adopten la tecnología adecuada en el momento oportuno. También es de vital importancia que las compañías tengan en cuenta a todos los miembros de la organización, desde los que las utilizan a diario, hasta los equipos de TI que las implantan, pasando por los miembros del Consejo.

El objetivo debería ser adoptar una tecnología más inteligente, siempre conectada, fluida, ágil, flexible, que facilite la colaboración, modulable en función de las necesidades, fiable, de alto rendimiento y con mayor seguridad y privacidad. Y no solo eso, sino que debe ser adecuada a las necesidades de todos y cada uno de los miembros de la compañía.

Empresas responsables en la «nueva normalidad»

En este momento, las organizaciones están reevaluando cómo operar para abrirse camino en la nueva normalidad. Ser una empresa responsable debe ser ahora una prioridad: situar el impacto humano al mismo nivel que la consecución de los objetivos empresariales. Dado que el 62% de los directores de TI declaran que sus decisiones de inversión se basan totalmente en cuestiones empresariales, será necesario un cambio de mentalidad fundamental en muchas compañías.

No obstante, a medida que se adoptan políticas de trabajo flexible para proporcionar más apoyo a los empleados durante la COVID-19, está empezando a surgir un enfoque que da prioridad a las personas, ya que el 70% de los encuestados ve más énfasis dentro de su organización en los negocios responsables.