No hay duda. Nuestros políticos lo han conseguido. Ya hay un reconocimiento generalizado de que la actividad en nuestro sector se ha ralentizado por la incertidumbre que ha creado la repetición de elecciones y, sobre todo, el temor a un eventual triunfo de la izquierda «radical».

He puesto comillas a lo de radical muy a propósito porque ya no me creo nada de lo que  nos quieren vender. Voy a tratar de explicarlo. Empiezo por algo, para mí, sin sentido. Después de escuchar que Zapatero ha sido el mejor Presidente de la democracia española, ya no puedo aguantar más. Con este silogismo, espero que todo el mundo lo entienda: si cualquier persona con un uso normal de la razón conviene que Zapatero ha sido el Presidente más inútil de la historia de España, que, económicamente hablando, dejó nuestro país como un solar, cómo vamos a confiar en las políticas que eventualmente podría poner en marcha la persona que ahora lo encumbra.

Sólo tengo dos opciones: votar a Savater, que ya sé que no va a ninguna parte, pero me parece honrado, o directamente, irme a pasear al monte

No, señores, a mi  Pablo Iglesias no me da ningún miedo. Creo que nunca va a conseguir su objetivo de gobernar (apuesto, a pesar de lo que afirman las encuestas, a que queda por detrás de los socialistas); pero, si llegara el caso, estoy convencido de que haría lo mismo que Zapatero: prometer una política de izquierdas y, al final, poner en marcha medidas de derechas, que es lo único que se puede hacer en un mundo globalizado en el que vivimos y en el que manda quien manda. Fíjense si no en el ejemplo de Grecia.

A mí, el que realmente me da pánico es Pedro Sánchez, porque puede hacer bueno a Zapatero. Y, si lo que nos queda es un Rajoy, -al que al menos hay que  reconocerle el enderezamiento del dramático estado de las cuentas que heredó- que ha consentido un nivel de corrupción que asusta, o un Rivera que todo parece indicar que quiere sus votos para el PSOE, pues me quedan dos: votar a Savater, que ya sé que no va a ninguna parte, pero me parece honrado, o directamente, irme a pasear al monte.

Unidos, todos, que les den.