La inteligencia artificial está entrando en las empresas a una velocidad de vértigo que empieza a generar un nuevo reto para los departamentos de tecnología: el shadow AI. Al igual que ocurrió con el shadow IT, cuando los empleados comenzaron a utilizar aplicaciones y servicios tecnológicos sin conocimiento del departamento de sistemas, las herramientas de inteligencia artificial pueden estar llegando a las organizaciones de forma descentralizada, sin que IT tenga visibilidad sobre qué soluciones se utilizan, qué información procesan o qué tareas y decisiones se están delegando en ellas.
Tal y como destacan desde la consultora Setesca, el fenómeno de Shadow AI adquiere especial relevancia con la expansión de los agentes de IA, capaces no solo de generar contenidos o responder preguntas, sino también de ejecutar tareas y participar en procesos de trabajo. En este contexto, un empleado puede incorporar una herramienta de IA, crear una automatización o utilizar un agente para resolver una determinada tarea sin que exista necesariamente un criterio corporativo sobre los datos a los que puede acceder, los permisos que debe tener o el nivel de supervisión humana necesario.
El Work Trend Index 2026 de Microsoft apunta precisamente a esta brecha entre la capacidad de los empleados y la preparación de las organizaciones. Solo el 26% de los usuarios de IA afirma que el liderazgo de su organización está claramente y de forma consistente alineado respecto a la inteligencia artificial.
Adaptar estructuras y procesos
El estudio identifica además una cuestión especialmente relevante para la gestión empresarial: los factores organizativos —como la cultura, el apoyo de los managers y las prácticas de talento— explican el doble del impacto percibido de la IA que los factores individuales. Es decir, el problema no reside únicamente en que los empleados aprendan a utilizar la tecnología, sino en que las empresas sean capaces de adaptar sus estructuras, procesos y normas al nuevo escenario.
Para Jordi Damià, CEO de Setesca, “el shadow AI es la evolución lógica del shadow IT. La diferencia es que ahora un empleado no solo puede incorporar una aplicación, sino también utilizarla para analizar información, automatizar procesos o incluso crear un agente que ejecute determinadas tareas. Si la empresa no establece un marco de actuación, puede acabar teniendo decenas de sistemas de IA funcionando en paralelo sin saber exactamente qué hacen ni bajo qué criterios”.
De controlar herramientas a controlar procesos
El reto para los CIO no consiste únicamente en conocer qué aplicaciones de inteligencia artificial utiliza cada empleado. La aparición de agentes hace que la cuestión sea más compleja: qué procesos están siendo modificados por la IA, qué información utilizan estos sistemas y quién mantiene la responsabilidad última sobre sus resultados.
Esta transformación de shadow AI coincide con una evolución del propio uso de la IA en el entorno laboral. El Work Trend Index 2026 señala que el 16% de los trabajadores que utilizan IA ya puede considerarse “Frontier Professional”, un perfil que utiliza agentes para desarrollar flujos de trabajo de varios pasos replantea cómo se realiza el trabajo y establece estándares compartidos para sus equipos.
La aparición de estos perfiles muestra que la IA está dejando de utilizarse exclusivamente como una herramienta individual para convertirse progresivamente en parte de los procesos de trabajo. Para Setesca, este cambio obliga a las organizaciones a pasar de una política centrada en “qué herramientas puede utilizar el empleado” a otra basada en “qué puede hacer la IA dentro de la organización y bajo qué condiciones”.
“El CIO ya no puede limitarse a controlar el catálogo de aplicaciones de la compañía”, señala Jordi Damià. “Tiene que conocer también qué tareas se están automatizando, qué agentes están interviniendo en los procesos y qué nivel de autonomía tienen. La gobernanza de la IA debe evolucionar al mismo ritmo que su capacidad de ejecución”.
Prohibir no será suficiente
Según Setesca, uno de los principales riesgos es que las empresas respondan al shadow AI intentando prohibir el uso de herramientas no autorizadas. Sin embargo, la facilidad de acceso a modelos y aplicaciones de IA hace que esta estrategia pueda resultar difícil de mantener.
El Work Trend Index 2026 concluye que las organizaciones deben rediseñar el trabajo y establecer las condiciones necesarias para que personas y agentes puedan trabajar conjuntamente, en lugar de limitarse a introducir nuevas herramientas.
«La alternativa al shadow AI no es prohibir la inteligencia artificial, sino gobernarla”, destaca Jordi Damià
En este escenario, el papel del CIO pasa a ser también el de diseñar las reglas de convivencia entre empleados y sistemas de IA: definir qué información puede utilizarse en shadow AI, qué procesos pueden automatizarse, qué decisiones requieren supervisión humana, cómo se auditan los resultados y quién responde cuando un agente comete un error.
“La alternativa al shadow AI no es prohibir la inteligencia artificial, sino gobernarla”, concluye Damià. “Las empresas necesitan establecer unas reglas claras que permitan a los empleados experimentar y obtener valor de estas herramientas, pero dentro de un marco que proteja los datos, mantenga la trazabilidad de los procesos y deje claro dónde termina la autonomía de la IA y empieza la responsabilidad humana”.




