Ayer se clausuró el Mobile World Congress de Barcelona. Se merece un calificativo inmediato: éxito rotundo. Éxito de convocatoria, éxito de asistencia, éxito de organización, éxito en la continuidad de la ciudad de Barcelona y, por encima de todo, éxito de negocio para los participantes.

Cuando se acierta en el modelo y se conjuga la demanda con la oferta, no hay crisis que frene el triunfo de cualquier iniciativa: en esto se ha apoyado la organización y todos le han seguido. Han convertido a la capital catalana en un centro donde confluyen los intereses de un mercado emergente, ansioso de establecer o ampliar acuerdos de colaboración para seguir haciendo crecer a las empresas tecnológicas.

Lo de menos es ya si se presenta éste u otro producto -que también-;  lo decisivo es encontrar en estos pocos días, de manera ordenada, casi toda la oferta que existe en este importante mercado: poderla ver, usarla y venderla. Siempre hay algún ausente relevante, como Apple, que algún día se arrepentirá de su prepotencia. Por si quieren escuchar, hay que decir que cada año se les echa menos en falta: yo, certifico que no tuve oportunidad de oír nada sobre ellos.

Como decía, ya no se destacan novedades a nivel de producto (si tuviera que citar uno, hablaría del Samsung Galaxy S6 Edge, como estrella del certamen). Los expositores por supuesto que muestran sus últimas novedades, pero, a diferencia de otros años, se nota más la venta de soluciones y estrategias globales. El leitmotiv de la Feria, La Movilidad, sigue siendo el centro, pero ya dejó de ser patrimonio exclusivo de los fabricantes de teléfonos. La movilidad ahora es un eje básico para cualquier compañía tecnológica, porque sus soluciones son demandadas por todas las empresas. El hecho de que compañías como IBM, Accenture o SAP, por poner unos pocos ejemplos, estén presentes con toda su oferta, demuestra esta tesis.

Otro hecho relevante, puesto de relieve en estos días, es el declive de Microsoft (por cierto con el stand más bonito y práctico del certamen, que ilustra este artículo), y más concretamente de su ahora división, Nokia, y su sistema operativo Windows Phone. Si uno observa -y yo lo constato- la gran cantidad de aplicaciones que se anuncian a diario, y las pocas que añaden la opción de Windows Phone («disponible para iOS y Android», rezan la mayoría) colegiremos que el fracaso de su modelo móvil está próximo.

El que va a lo suyo, y se lo permiten y lo compran, es el “chaval” de Facebook. Como el año pasado, Mark Zuckerberg reunió a la flor y nata de personalidades asistentes al certamen, para pontificar sobre lo que mejor le puede ir a su negocio, es decir, Internet gratis para todos. ¡Qué bien! ¡Qué buena idea! A ver si convence a las operadoras.