Miquel Barceló web

El reciente confinamiento (unos tres meses) nos ha traído más cosas que la falta de EPI (equipos de protección individual) para los sanitarios, la falta de mascarillas (hubo un momento en que la OMS las recomendaba y nuestro gobierno nos decía que no hacían falta cuando, simplemente, lo que ocurría era que no las teníamos…), la falta de camas en los hospitales, un excesivo número de fallecidos y un largo etcétera que todos recordamos.

Para evitarse más subvenciones en forma de ERES, a alguna cabeza de chorlito de las que nos gobiernan se le ocurrió que los que no podían asistir a su lugar de trabajo por el confinamiento, podían pese a todo teletrabajar… Afortunadamente el papel lo aguanta todo y, durante unos meses (que parecen continuar…) incluso se quiso aceptar que ésa improvisación era una solución válida.

Algunos aprendieron entonces que “teletrabajar” en casa resultaba de lo más complicado, sobre todo cuando los niños (también confinados y más castigados al final de la “desescalada” que el uso de las terrazas en los bares…) hacían de niños y, lógicamente reclamaban la atención de sus padres que seguían en casa al igual que ellos. Parece ser que algunos “teletrabajadores” responsables han tenido que hacer horarios de locos para atender al teletrabajo (cuando los niños todavía dormían) y, después, a sus hijos, especialmente cuando éstos eran pequeños (hasta los nueve o diez años…) y se sentían casi “huérfanos” de sus compañeros en los colegios y escuelas y, demasiadas veces, sin el adecuado soporte de sus maestros que, según parece, han tenido que hacer esfuerzos acelerados para “inventarse” cursos y soporte no presencial (algo no precisamente fácil para personal no preparado…).

Algunos aprendieron entonces que el teletrabajo en casa resultaba de lo más complicado

Escribo (o, mejor, repaso) este texto a principios de julio cuando ya ha tenido lugar la primera reunión con sindicatos y patronal en la que se presentaba el primer anteproyecto de ley sobre el teletrabajo. Se sabe (sabemos algunos…) que eso de legislar en caliente no es recomendable hacerlo, pero la escasa inteligencia de algunos parece que les ha aconsejado empezar a pensar en una ley sobre el teletrabajo que, al menos, pueda paliar alguno de los disparates que hemos ido viendo estos días de confinamiento.

Porque el teletrabajo, al menos como se ha venido pensando hasta hoy, es otra cosa.

Por ejemplo, los “teletrabajadores” del reciente confinamiento han tenido que proveer por sí mismos y proporcionar ellos mismos (no las empresas) la mayor parte de los elementos imprescindibles en un teletrabajo que merezca ese digno nombre.

Muchos “teletrabajadores” de estos días han proporcionado por su cuenta y riesgo a veces incluso desde el ordenador utilizado a la mayoría de servidumbres necesarias para llevar a cabo una actividad que merezca, al menos aunque sea en una versión de mínimos, el esperanzado nombre de teletrabajo.

En estudios de hace ya años se establecía que un teletrabajo sería realmente operativo si se tenían en cuenta una serie de elementos que afectan a la disposición del teletrabajador y, también, a las necesidades materiales imprescindibles para tal tipo de actividad.

Para el teletrabajador se solicitaba una actitud proactiva con iniciativa propia, una buena dosis de automotivación y responsabilidad, una cierta autodisciplina y capacidad de sistemización y, sobre todo, una muy buena capacidad de planificación y autocontrol sin olvidar la necesaria habilidad para autogestionarse el uso del tiempo. Y ésos son sólo algunos de los elementos que se teorizaba como imprescindibles.

Se pensaba también en las dificultades inherentes al lugar de trabajo (las casas particulares no están concebidas para trabajar en ellas…) y, ¿cómo no? en los gastos en que se incurría por parte del teletrabajador y que, se decía, habían de ser sufragados por la empresa. Esos gastos incluyen, por ejemplo, la electricidad, la conexión a Internet, el teléfono, la evidente depreciación del mobiliario y las instalaciones, el material de oficina, el coste de la limpieza, etc. etc.

Como puede verse, se trata de algo de lo que ese ¿teletrabajo? del confinamiento ha carecido. Habrá que ver qué ocurre con el nuevo anteproyecto de ley sobre el teletrabajo pero ése es tema para otro día…