Miquel-Barceló esperanza matemática

En los últimos tiempos me llena de perplejidad el repetido uso de la palabra tecnologías, pensando tan solo en un tipo de ellas. Cuando alguien se refiere de manera general a “tecnologías”, implícitamente está usando el término como abreviación común de “tecnologías de la información y comunicaciones”.

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No se me oculta (ni voy a hacerlo en BYTE TI, ni mucho menos…) que las tecnologías de la información, en la infinidad de aspectos que toman, forman parte de lo más definitivo y característico de las tecnologías que usamos hoy en nuestras vidas. Es un fenómeno realmente nuevo en la escala de los tiempos habituales de la humanidad.

Por ejemplo el Windows 95 (por marcar un único hito) nació en 1995, y no hace hoy ni siquiera veinticinco años que ese tipo de sistema operativo (y sus derivados) está en nuestras manos. Y grandes elementos que definen nuestra vida, como Wikipedia, Facebook, WhatsApp y un largo etcétera, tienen un periodo de vigencia que está entre los diez y veinte años. Y no conviene olvidar que se trata de grandes cambios tecnológicos que nacen, se desarrollan (y, seguramente, mueren…) en mucho menos tiempo del que lo hace una vida humana.

Y ése es un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad que hasta hoy ha visto por supuesto grandes cambios tecnológicos pero gestados en periodos de tiempo mucho más largos para su nacimiento, desarrollo y utilización general.

Cierto es que, posiblemente por el desarrollo de las tecnologías, “los tiempos hoy adelantan que es una barbaridad” tal y como decía la vieja zarzuela. Todo se ha acelerado y el reto actual de nuestras vidas es poder con ello, ponerse a su nivel y su velocidad de cambio para no perder gran parte de lo que esas tecnologías nos ofrecen.

Pero, volviendo al inicio del texto, les diré que no son solo las “tecnologías de la información” todo lo que reluce. Presentes en muchos sitios, lo cierto es que no están solas y nuestras TIC están felizmente acompañadas de otras tecnologías no menos importantes aunque estas otras sigan un tanto escondidas.

Todos conocemos el ejemplo de los coches. Gracias a los sistemas informatizados, hoy en día, por ejemplo, la comunicación entre el motor (imaginémoslo en la parte delantera del vehículo) y el sistema trasero (frenos, luces de freno, de alumbrado, etcétera) se realiza de la manera más sencilla con unos cables y unos transductores que evitan todo farragoso sistema físico-mecánico de transmisión entre la parte delantera y trasera del vehículo. Pero esos mismos coches pueden presentar mejoras sin cuento en los sistemas de encendido, de combustión y tantos otros que no dependen de nuestras TIC, sino de las mejoras en la tecnologías especificas de cada caso.

Y el caso de los coches es tan solo uno de los muchos casos posibles: la mejora en otras tecnologías que no son las TIC (aún ayudadas de las TIC) sigue siendo fundamental para que este siglo XXI esté tan permeabilizado por la tecnología (en general) como parece estar siéndolo…

No hay sólo tecnologías de la información y las comunicaciones y, aunque ayudan y mucho al desarrollo general, lo cierto es que colaboran muy eficazmente con otras tecnologías en distintos ámbitos. Pero esas “otras tecnologías” están en cierta forman escondidas o larvadas y no se manifiestan tan claramente como hacen las TIC. Ni siquiera nos referimos a ellas… Pero existir, existen…

La mejora en otras tecnologías que no son las TIC (aún ayudadas de las TIC) sigue siendo fundamental para que este siglo XXI esté tan permeabilizado por la tecnología (en general)

Las TIC son importantes, pero sin las mejoras sectoriales de sistemas de combustión, de transmisión, etc. no tendríamos los vehículos de que disponemos. Y sin la investigación biosanitaria (ayudada por las TIC, sí) no habría habido los espectaculares cambios que hemos tenido en la medicina y una gran mejora de la esperanza de vida. Y así muchos otros ejemplos.

Cuando daba clases en la FIB (Facultad de Informática) no dejaba de contar que la informática era una herramienta de ayuda y soporte, con casi nada propio y exclusivo, la “calculabilidad”, tal vez) y la realidad parece irme dando la razón: TIC, sí, pero al servicio de otras tecnologías a las que, tal vez les hemos robado incluso la presencia y el nombre.