La columna de este mes quiero dedicársela a uno de los proyectos mas curiosos de los últimos años. Sublime Text es un editor de texto de los que enamora. Surgió como un huracán y a los pocos meses, eran miles los seguidores y admiradores, entre los que me encuentro.

La vida del proyecto ha sido una increible mezcla de aciertos y errores. Siendo un proyecto tecnológicamente puntero, su gestión comercial y de atención al usuario ha sido una de las peores de la historia, digna de rodar una película sobre ella, o al menos escribir una modesta columna.

Los seguidores de Sublime estamos de forma permanente en una cuerda floja, entre abandonar su uso, y pasarnos a alternativas como Atom.io, o seguir en la brecha. El único desarrollador y por lo que parece, dueño de la compañía, desaparece y reaparece como el Guadiana, dando una de cal y otra de arena a los sufridos usuarios.

Actualmente estamos en una época buena, con muchos “releases” y corrección de errores, pero hasta hace muy poco en la web seguía apareciendo como principal una “obsoletísima” versión 2, siendo la Beta de la rama 3 la única versión “usable” en estos momentos.

Lo cierto es que el carácter cerrado (software cerrado y comercial) del proyecto, hace que tenga muchos detractores, que como decía optan por versiones de código abierto como Atom.io. Los seguidores de Sublime solo tienen un argumento: Sublime funciona mejor. Mejor y mucho mas rápido. Algo crucial en el trabajo con grandes ficheros de texto o datos.

Invito a todos los lectores que no lo conozcan, y que sepan disfrutar de un buen editor de textos, que le den una oportunidad a Sublime. No les decepcionará. O si.