La, por otra parte esperada, muerte de Steve Jobs ha concitado un montón de opiniones casi siempre sumamente positivas sobre su persona. Curioso.

Jobs viene a representar la figura más moderna y actual de ese “empresario innovador” que un economista como Schumpeter consideraba un factor básico del crecimiento capitalista. Jobs siempre supo rodearse de buenos técnicos a los que el ofrecía la visión de cómo la tecnología informática podía ser utilizada en el futuro. Fue un genio visionario que supo rodearse de buenos técnicos capaces de hacer realidad sus sueños. Como suelo decir a mis estudiantes: siempre las vio venir y, luego, cuando hizo falta, se encargó de impulsar el uso de la tecnología informática en la dirección que él mismo había concebido.

El mismo Steve Wozniac, con quien creó Apple, siempre ha dicho que fue Jobs quien le incentivó con esa curiosa idea de “hacer todo un ordenador en una única placa”. Y ahí nació el primer Apple.

Luego vino la gran revolución. Jobs supo aprovechar un estrepitoso fallo de una gran empresa como Xerox. De ese fallo nació el moderno uso popular de la tecnología WIMP que se comercializó por primera vez en Apple con el LISA y el Macintosh. WIMP es un buen acrónimo para sintetizar la interfaz con la que hoy usamos los ordenadores: W por windows (ventanas), I por icons (iconos), M por mouse (ratón) y P por pop-up menus (menús desplegables emergentes)

En los años setenta, Xerox desarrollaba dos grandes proyectos de cara al futuro. Por una parte, el 8010 Star Information System, una máquina que pudiera trabajar como un verdadero procesador de textos apto para el trabajo de oficina, siempre tan abundante. Por otra parte, el proyecto Alto de un ordenador que pudiera ser usado sin conocimientos especiales de lenguajes (de programación o de OCL) y que implementaba la tecnología WIMP.

En 1988, Douglas Smith y Robert Alexander escribieron un interesante libro sobre cómo Xerox se equivocó al decidir comercializar el 8010 en lugar del Alto. El libro tiene un título significativo: Fumbling the Future: How Xerox Invented, Then Ignored, the First Personal Computer, algo así como: “Buscando a tientas en el futuro: cómo Xerox inventó y luego ignoró el primer ordenador personal”.

Steve Jobs supo sacar gran provecho del error de Xerox. Con alguno de los despechados diseñadores del Alto, Steve Jobs se llevó a Apple el ambicioso proyecto de un primer ordenador WIMP. Fue el LISA que resultó más caro de lo previsto y, también, lento (claro, con un chip de sólo 16 bits, no deja de ser comprensible…). Pero Jobs no cejó y prosiguió con su intento hasta poder lanzar el Macintosh en enero de 1984 (con un histórico spot publicitario, realizado por Ridley Scott, estrenado en la Superbowl de 1983). Con eso, Jobs cambió la manera en que se usa la informática en el mundo. No es poco.

Posiblemente ése, el uso novedoso entonces y completamente habitual hoy de una interfaz WIMP, ha sido el gran legado de Jobs. Un legado que permite usar los ordenadores a todos, sin necesidad de conocimientos informáticos especializados. Una verdadera revolución.

Luego vinieron otras cosas que siguen mostrando su espíritu emprendedor: cuando John Sculley le echó de Apple, a Steve Jobs sólo se le ocurrió desarrollar la idea de usar ordenadores para hacer películas. Por diez millones de dólares compró una pequeña empresa que daría lugar a PIXAR (de donde salió, por ejemplo, Toy Story), que luego vendió por más de siete mil millones de dólares.

Y también creó la empresa NEXT, donde se desarrolló el  mejor microordenador de finales de los años ochenta. Y fue precisamente ese NEXT el que lo llevó de nuevo a Apple para revolucionar incluso la estética de los productos informáticos con el iMac, el iPod, el iPhone y el iPad, haciendo él mismo de “hombre anuncio” de sus nuevos productos que se convirtieron en exitosos productos, ya no de informática, sino de consumo de masas casi me atrevería a decir… un nuevo tipo de electrodomésticos.

El uso habitual de la interfaz WIMP (y esa idea de hacer películas con ordenador… no lo olvidemos) ha sido el gran legado de Steve Jobs.