La época navideña es propicia para encontrarse con viejos amigos, comentar, hacer balance del año, etc. En el caso nuestro, de los periodistas, somos requeridos por muchas empresas para compartir reuniones y almuerzos donde igualmente se hace balance de los doce meses transcurridos.

Me llama la atención que, a pesar de la crisis reconocida que padecemos, la mayoría de los altos directivos con los que me he encontrado en estos días presumen de unos resultados para sus empresas absolutamente prometedores. No me cuadran los datos que nos dan a los periodistas con las cifras reales y, mucho menos, con las decisiones que ves que toman luego, y que no son otras que reajustes de todo tipo.

Tengo la sensación que nuestro sector no es muy diferente de otros que lo están pasando realmente mal, pero nos engañan. Los bancos nos dicen que están ganando no sé cuántos millones, pero luego compruebas que meten en su balances todos los activos inmobiliarios con el valor falso de hace ocho años. Fomentan las prejubilaciones a los 50 años para los de abajo y prorrogan la suyas cuando pasan de los 65; exigen moderación salarial desde sueldos inmorales de 8 millones de euros… esta es la realidad.

Nuestros directivos presumen de buenos números, mientras están reestructurando plantillas, congelando y bajando salarios, y exigiendo más productividad. Se tiene miedo de reconocer las dificultades por temor a una repercusión negativa en la visión del cliente que tiene que tomar la decisión de compra.

Por encima de todo está la realidad de una industria que, como la del resto del país, está en un periodo de nulo crecimiento y con pocas perspectivas de mejorar.

Se tomen las medidas que se tomen, mientras no seamos capaces de crear empleo, España no saldrá de la crisis. Como no veo dónde se puede crear ese empleo, tengo la firme convicción de que, si realmente queremos salir de este pozo, la única solución que tenemos, de momento, es repartir el trabajo que tenemos ahora. Y como veo que la gente no está por esta labor, perdónadme, pero no me siento optimista de cara al nuevo año.

Empieza la era Rajoy. Vale que tiene mejor pinta que lo último que tuvimos que sufrir con Zapatero. Pero hay detalles que me dan mucho miedo: me premian y me ponen de Ministro a un señor como Ruiz Gallardón que ha dejado el Ayuntamiento de Madrid prácticamente arruinado, con una deuda de casi 7.000 millones de euros. Y, encima, nos imponen como Alcaldesa a una persona como Ana Botella, a la que nos hemos votado. No me gusta nada.