No me canso de repetir (¿o, sí?) que tenemos un sector dinámico, que tiene un potencial de crecimiento envidiable, unos profesionales con una preparación que no tienen nada que envidiar a los de ningún otro país; en definitiva, posibilidades para que los que trabajamos en él, con esfuerzo obviamente, podamos tener un vida más o menos tranquila.

Pero esa tranquilidad algunos se empeñan siempre en intentar doblegarla, con una suerte de fastidio que es complicado de sortear. Todos estamos de acuerdo en que nuestro mundo TI no es compartimento estanco: depende del estado económico general; si crece, se dinamiza todo y la tecnología es un factor clave en ese desarrollo.

Lamentablemente, la buena marcha de la economía es incompatible con los escenarios de incertidumbre política: el “no saber qué va a pasar” con algún tema importante que nos afecte a muchos, es el caldo de cultivo de la desconfianza, del parón recesivo, de la duda, todo ello incompatible con la alegría de la inversión, que es la que mueve todo.

Rabia, estupor, desasosiego, frustración, aburrimiento es lo que me produce la deriva que tenemos creada con Cataluña y que propicia la situación que describía en el párrafo anterior. De manera egoísta, me preocupa más la inestabilidad económica que produce, que el propio sentimiento nacional de ambos bandos. Máxime cuando se constata que la mitad de la “pelea” está más motivada y manipulada por aspiraciones individuales de permanencia en el poder que por deseos verdaderos de identidad.

Que cada uno se sienta como le venga en gana, que se respete el deseo de la mayoría, que lo negocien todo y que, por favor, nos dejen en paz: que podamos trabajar tranquilos para que nuestras empresas tengan la oportunidad de crear riqueza, expandirse, contratar empleados y, para suerte nuestra, conseguirlo (porque no hay otra manera) a través del uso de las nuevas tecnologías. Si tienes todo aquello a lo que legítimamente se aspira, pero te falta esto segundo, para nada sirve un estado independiente, ni una nación unida.



Cambio de talante en Microsoft España. Pilar López, presidenta de la compañía. Solo la he visto una vez. Fue el mes pasado en la presentación del nuevo Office 2016. Es aventurado emitir un juicio, pero me arriesgo a decir que no tiene nada qué ver con la anterior responsable: profesional, inteligente, colaboradora, cercana, eso me parece que representa después de solo unos meses en el cargo….. ¡a ver cómo sigue!