Manuel Navarro, Director de Byte TI web windows 365 netflix

Si hay una empresa que está de forma permanente en el ojo del huracán esa es Indra. Desde que Aznar privatizara las mayores empresas públicas, entre las que se encontraba Indra, ésta siempre ha venido arrastrando escándalos. Mientras otras compañías de las privatizadas no se han visto involucradas en problemas serios, sino que más bien al contrario, han avanzado de forma exitosa, no se puede decir lo mismo de una de las principales compañías tecnológicas españolas.

Hablamos de una firma estratégica, encargada del recuento de los procesos electorales, de controlar los sistemas de seguridad fronterizos, de desarrollar software para la Administración o de gestionar múltiples servicios a diferentes sectores amén de ser una de las compañías líderes en tecnología de defensa del mundo.

Pero Indra tiene un problema. Y es que no es una empresa privada, aunque tampoco lo es pública. Y esto perjudica a la propia compañía y a la imagen que se puede tener de ella. Al ser semipública, el Gobierno, a través de la SEPI, controla una mayoría del accionariado, lo que hace que sea utilizada a conveniencia del partido en el poder. Su control ya lo ha ejercido antes el PP como también lo ha hecho (y está haciendo) el PSOE. Poner al frente de la multinacional a alguien de la cuerda es la norma de la casa. Y salvo honrosas excepciones, para dirigirla, no se selecciona al candidato más capaz, sino al amigo del partido o al que se le debe algún favor.

En España lo damos por asumido. Cambio de Gobierno significa cambio en las cúpulas de las empresas públicas o semipúblicas. Algo que debería escandalizarnos, lo tomamos como normal. De forma más o menos velada, el partido en el Gobierno sortea los cargos de estas compañías que caen en manos de ejecutivos que ni saben de gestión empresarial ni conocen el mundo en el que opera esa empresa.

Pedro Sánchez no ha hecho otra cosa que imitar lo que hicieron otros presidentes, pero claro, lo ha hecho al estilo Sánchez: entrando como elefante en la cacharrería. Y es una vergüenza. Ha logrado la dimisión (y también el despido) en cadena de varios consejeros independientes, que son los que pueden servir de freno para evitar una mayor politización de la empresa. Y todos ellos han acusado a Sánchez de querer tomar el control de la tecnológica para imponer consejeros que “no se opongan a sus pretensiones”. Gracias a Sánchez, la empresa incumple ahora mismo su propio código de Buen Gobierno y por supuesto, ha hecho que en quince días las acciones de la empresa hayan perdido un 18% de su valor.

Pedro Sánchez no ha hecho otra cosa que imitar lo que hicieron otros presidentes con Indra

Evidentemente, y por mucho que determinada prensa se escandalice, nadie impide que Sánchez y sus socios en el consejo (PRISA, fundamentalmente) intententen cambiar el rumbo de la compañía para que se adapte a las pretensiones del ególatra Presidente, pero hay mecanismos y normas para hacerlo con otras formas que no son precisamente las que más gustan a Sánchez.

No obstante, toda esta situación (y las anteriores) no se darían si efectivamente Indra fuera totalmente privada o si, al menos, el gobernante de turno no pudiera decidir sobre la estrategia de una compañía tan importante para nuestro país. Urge que salga cualquier persona relacionada con el poder político de empresas como Indra. Urge que Indra sea de una vez, independiente.

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