control mental

Andrew Bosworth, responsable de Facebook Reality Labs, la división de Realidad Virtual y Aumentada de Facebook, anunció en septiembre de 2019 la compra de la startup CTRL-Labs, que ha desarrollado una pulsera capaz de controlar ordenadores con la mente mediante una interfaz neuronal, sin necesidad de interactuar físicamente con ellos. Esto abre una nueva puerta en el avance tecnológico, posibilitando el acceso a la mente de los usuarios, y con ello, se generan nuevos interrogantes sobre su tratamiento legal.

Y es que el peligro del uso de técnicas de control mental radica en su eventual uso para anular la voluntad de la víctima, lo que encajaría en la previsión del artículo 28 del código penal, que considera autor del delito a quien induzca al autor material del delito a perpetrar el mismo inducido por el autor conceptual o mediato del mismo. Y es que, antes de que la evolución de la técnica alcanzara los logros que persigue Facebook, ya se han usado métodos para lograr el control mental, como la hipnosis, no siempre con buenas intenciones.

En efecto, en 2014, Michael Fine, un afamado abogado especializado en divorcios de Sheffield (Ohio, Estados Unidos) fue condenado a 12 años de cárcel por hipnotizar a las clientas que acudían a su despacho para abusar sexualmente de ellas. Y en 2016 se detuvo en Valencia a un ciudadano colombiano experto en hipnosis y coaching, y autor de libros de autoayuda, por hipnotizar a mujeres que acudían a los cursos de crecimiento personal que impartía, para abusar de ellas e, incluso, prostituirlas.

Según establece el artículo 181-2 del código penal, se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre personas que se hallen privadas de sentido o de cuyo trastorno mental se abuse, así como los que se cometan anulando la voluntad de la víctima mediante el uso de fármacos, drogas o cualquier otra sustancia natural o química idónea a tal efecto. Por tanto, si se prueba que la víctima fue abusada bajo hipnosis, se aplicaría la pena establecida para los actos contra la libertad sexual sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, esto es, pena de prisión de 1 a 3 años o multa de 18 a 24 meses.

Asimismo, en abril de 2017, Juan Muñoz, médico jubilado, fue detenido en el departamento de San Carlos (Mendoza, Argentina) por la muerte de su pareja, María del Carmen Solís, a la que habría hipnotizado para que se ahorcara. La policía consideró esta vía de investigación para aclarar esta extraña muerte que parecía no tener explicación, debido a que la hipnosis era una práctica habitualmente usada por este doctor y que no existían motivos aparentes para que su esposa se suicidara.

Al margen de la hipnosis, es posible que las tecnologías que permiten el control mental no sean tan novedosas, pues, desde hace décadas se sospecha que es posible usar el control mental para inducir a personas a realizar acciones al margen de su voluntad. Es conocido el proyecto “MK-Ultra” (Mind Kontrol Ultra), desarrollado en Estados Unidos en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, en el que se hicieron experimentos en este sentido. Según algunos, así se habría “teledirigido” a Lee Harvey Oswald, acusado del magnicidio del Presidente John Fitzgerald Kennedy en Dallas el 22 de noviembre de 1963; a Mark David Chapman, el fan obsesionado con el ex Beatle John Lennon, que le disparó el 8 de diciembre de 1980 delante del edificio Dakota de Nueva York; o a Mehmet Ali Ağca, autor del fallido atentado contra el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro de El Vaticano.

Es posible que las tecnologías que permiten el control mental no sean tan novedosas

Al parecer, todos ellos tendrían una característica común: aseguran haber actuado obedeciendo lo que le decían unas “voces” que oían. Estas circunstancias extrañas son más comunes de lo que pudiera parecer. En 2017, el Juzgado de Instrucción nº. 2 de Burgos archivó la denuncia por la comisión de los delitos de malos tratos físicos y psíquicos, amenazas, coacciones y contra la integridad moral, a raíz del brutal exorcismo practicado en 2015 por una profesora de religión, un catequista, un sacerdote y los padres de una menor de edad, motivados por extraños impulsos.

Pero ¿es realmente posible controlar la mente de alguien? Lo usual es que los adelantos tecnológicos que sean una realidad hoy a nivel militar sean conocidos décadas más tarde por la sociedad civil, por lo que no es fácil dar una respuesta a esta pregunta. Lo cierto es que en 2016 se celebró la primera carrera de drones controlados con la mente en la Universidad de Florida (Estados Unidos) mediante una interfaz que conecta el cerebro con un ordenador y éste, a su vez, con un dron; y en 2019 científicos de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) han conseguido descodificar expresiones generadas por personas con impedimento para hablar con una eficiencia del 70%.

Y es que existen indicios que apuntan a que podrían haberse desarrollado técnicas avanzadas de control mental, y que, no solo Facebook, sino diversas empresas tecnológicas financien proyectos dirigidos a que una persona pueda controlar artefactos con la mente y quien sabe si, a la inversa, artefactos pudieran controlar la mente de las personas. Ya en 1963 el neurocientífico español José Manuel Rodríguez Delgado, investigador de la Universidad de Yale (Estados Unidos), y al que se quiso vincular con el citado proyecto “MK-Ultra”, consiguió controlar las embestidas de un toro mediante un radiotransmisor conectado a un implante realizado en el cerebro del animal, en un experimento realizado en Córdoba.

Esto tendría trascendencia de cara a determinar la culpabilidad en determinados delitos, pues el artículo 20-1 del código penal establece que está exento de responsabilidad criminal el que, al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. Esto implica que, en el caso de que se pruebe que el autor del delito no fue consciente de haberlo cometido, no sería responsable penal del mismo. El primer caso registrado en este sentido se remonta a 1846, cuando Albert Tirrell fue declarado inocente de asesinato de una prostituta del que no recordaba nada, al haberlo realizado mientras dormía. Asimismo, en 1878, un joven de 28 años fue absuelto a pesar de haber golpeado contra la pared a su hijo de 18 meses hasta matarlo, debido a que su sonambulismo le privaba de conciencia de lo que hacía.

En marzo de 2015 un Jurado de Durham (Estados Unidos) absolvió a Joseph Anthony Mitchell del delito de asesinato, a pesar de haber estrangulado en septiembre de 2010 a su hijo de 4 años y haberlo intentado con los otros dos, al considerar que no fue consciente de ello. En Canadá, la Corte Suprema absolvió a Kenneth Parks, jugador con dificultades económicas, que en 1987 salió de su casa, se subió a su coche y condujo 20 kilómetros hasta la casa de sus suegros, a los que trató de matar de forma violenta (lo que consiguió en el caso de ella), tras lo cual volvió a subir al coche y condujo hasta la comisaría de policía donde se entregó diciendo que creía que había matado a alguien. En el Reino Unido, en 2003 Jules Lowe fue absuelto del homicidio de su padre en Walkden (Manchester), al no recordar nada de ello. Asimismo, en 2008, Brian Thomas fue absuelto de la muerte de su esposa mientras se encontraban de vacaciones en un camping por idénticas razones.

Pero esta eximente no afectaría únicamente a los delitos de sangre, sino también ha sido aplicada en las agresiones sexuales. Así, en 2007 Nick Walker, mecánico de la fuerza aérea británica, conocido por sus amigos como “caminante nocturno” por su sonambulismo, fue considerado inocente de la violación de una chica de 15 años. Y en 2012 el británico Stephen Lee Davis fue absuelto por un jurado de la violación de una menor de 16 años por padecer “sexomnia” (sonambulismo sexual consiste en practicar sexo mientras se está dormido).

Por Javier López, socio de Écija Abogados