España toca fondo en el informe PISA. Los estudiantes españoles han obtenido los peores resultados desde que comenzó a publicarse, con un desplome especialmente acusado en comprensión lectora y matemáticas. Los alumnos consiguen 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias, por debajo de los promedios de la OCDE.
El descalabro ha llevado a los expertos a analizar las razones del deterioro educativo de los jóvenes españoles, donde destacan la irrupción masiva de las pantallas en la vida cotidiana de niños y adolescentes como uno de los principales factores que explican esta caída. ¿Qué papel están jugando las pantallas? Los expertos lo tienen claro: su uso excesivo puede provocar la pérdida de capacidad para mantener la concentración, el descenso de la lectura por placer y una reducción del tiempo que los adolescentes dedican a actividades alejadas de los dispositivos digitales.
Cada vez son más los menores que presentan problemas emocionales y de aprendizaje relacionados con el uso de las pantallas. En concreto, dificultades de atención y concentración, alteraciones del sueño, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración y problemas de autoestima. No se trata de demonizar las pantallas, sino de ayudarles a desarrollar una relación sana con ellas. Pero… ¿cómo conseguirlo?
Alto porcentaje de uso de dispositivos tecnológicos
En España, esa transformación digital comienza cada vez antes. El último informe sobre infancia y tecnología de SaveFamily señala que el 90% de los menores utiliza dispositivos conectados a internet y más del 81% pasa más de una hora diaria frente a las pantallas entre semana, porcentaje que supera el 90% durante los fines de semana. Además, tres de cada cuatro adolescentes disponen ya de un smartphone antes de cumplir los 13 años.
“El problema no es únicamente cuánto tiempo pasan los menores conectados, sino cómo están diseñadas las plataformas para retenerlos. Estamos ante sistemas que fomentan un uso continuado y dificultan la desconexión, lo que tiene su repercusión directa sobre el rendimiento académico de los jóvenes”, señala Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily.
Uno de los síntomas que más preocupa está precisamente en la lectura. La OCDE detecta más dificultades cuando los estudiantes deben enfrentarse a textos extensos. La OCDE sitúa el punto crítico a partir de las 400 palabras, cuando empiezan a observarse problemas para mantener la atención y procesar la información. El organismo relaciona este fenómeno con una lectura cada vez más apresurada en un contexto marcado por el consumo inmediato característico de las redes sociales. Además, aprecian que allí donde el uso de pantallas es menor, los resultados educativos tienden a ser mejores.
A esta pérdida de atención se suma la dificultad de los propios adolescentes para regular su relación con los dispositivos. Según el informe de SaveFamily, casi la mitad, un 48%, reconoce haber perdido el control del tiempo que pasa frente a las pantallas y uno de cada cuatro utiliza el móvil como vía de escape para olvidar sus problemas. Otro 17% asegura haber intentado reducir su utilización sin conseguirlo y un 11% admite que el teléfono afecta negativamente a su rendimiento escolar.
“Estamos viendo cómo la tecnología entra en la vida de los menores sin una progresión adaptada a su desarrollo. Esto genera una sobreexposición que puede tener efectos devastadores en su bienestar emocional, su capacidad de concentración, sus relaciones sociales y, por tanto, también en su nivel en las aulas”, advierte Álvarez.
El problema tampoco se limita al rendimiento académico. Los adolescentes que pasan más de tres horas diarias en plataformas digitales duplican el riesgo de sufrir problemas psicológicos, según los datos recogidos por SaveFamily. El informe advierte además de ansiedad asociada a la desconexión, necesidad constante de interacción digital e incluso respuestas agresivas cuando se intenta retirar el teléfono. En este contexto, las pantallas dejan de ser únicamente una herramienta tecnológica y pasan a ocupar un papel central en los hábitos cotidianos de los jóvenes.
Contenidos procesados con algoritmos e inteligencia artificial
A ello se añade una nueva capa: los algoritmos y la inteligencia artificial permiten personalizar continuamente aquello que ve cada usuario. En el caso de los menores, la combinación del acceso temprano y los sistemas algorítmicos puede provocar que los jóvenes abusen en exceso de las pantallas sin ser ni siquiera conscientes de ello.
“Las tecnologías actuales no solo ofrecen contenido, sino que lo adaptan constantemente al usuario, lo que aumenta su capacidad de influencia. Por estos motivos, los expertos recomendamos que los menores tengan una inmersión digital escalonada para reforzar la educación digital y avanzar hacia una incorporación progresiva y supervisada de la tecnología durante la infancia”, explica el experto de SaveFamily.
Los expertos recomiendan que los menores tengan una inmersión digital escalonada para reforzar la educación digital
El retroceso educativo implícito en el informe PISA apunta también al empeoramiento de la disciplina en las aulas, y a factores sociales, escolares y familiares; pero son las pantallas y la expansión del smartphone las que generan más preocupación entre los expertos, que buscan la fórmula para evitar que esa hiperconectividad condicione su capacidad para leer, concentrarse y aprender.
La cuestión ya no pasa únicamente por limitar el número de horas frente a las pantallas, sino por establecer cuándo, cómo y para qué deben utilizarse durante las distintas etapas del desarrollo. Una incorporación progresiva de la tecnología, acompañada de educación digital y supervisión familiar, puede ser clave para evitar que el uso intensivo de los dispositivos termine interfiriendo en capacidades esenciales para el aprendizaje.




