Primero fue la conciliación laboral, después el teletrabajo y ahora llega el flexiworking. Se trata de diferentes maneras de denominar a fórmulas laborales flexibles, alejadas de los estrictos horarios de oficina. Sociólogos, psicólogos, directores de recursos humanos, y hasta los propios empresarios alaban sus excelencias en la búsqueda de la felicidad personal del empleado y de la productividad de las compañías.
Sin embargo, más allá de los parabienes y alabanzas, la realidad del mercado de trabajo en España parece ser otra. Eso al menos indican los datos publicados por la última Encuesta de Población Activa. Según la EPA, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, sólo 1 de cada 10 españoles teletrabaja y un 2´6% admite haber trabajado desde casa alguna vez.

Así las cosas, el presencialismo continúa rigiendo los destinos de los casi 17.000.000 millones de trabajadores en activo en nuestro país. Este término viene a aludir no sólo a las horas que un empleado deber cumplir, en seguimiento de su horario, sino al tiempo extra que pasa por miedo a perder su empleo.

Para Verónica Rodríguez Orellana, directora de Coaching Club Madrid, el presencialismo, sin embargo, presenta ventajas para algunos trabajadores. La terapeuta asegura que “para ciertas personas es mucho más fácil organizar sus vidas en base un marco determinado por un horario concreto y mediante un esquema social. Es positivo compartir horas con los compañeros, desayunar con ellos, crear lazos y lealtades dentro de un sistema que le da cierto sentido de pertenencia”. Por el otro lado, Orellana detecta que en otro perfil laboral, este sistema “genera una sensación de malestar y estrés cuando no se puede conciliar la vida familiar o resolver algún imprevisto personal.” Entonces —añade —la sensación es de impotencia e incomprensión con respecto al empleador.

El presencialismo premia, pues, la cantidad y no la calidad de nuestro trabajo, aunque ni siquiera se trata de producir, sino de estar. La gran máxima de este orden laboral es que el trabajador no se marcha nunca antes que el jefe. Otra norma implícita es que no se abandona la oficina antes de la hora oficial de salida, a pesar de tener las tareas acabadas y hasta adelantadas.

Verónica Rodríguez fue la primera en organizar en nuestro país las sesiones grupales de coaching laboral y reconoce que la máxima de productividad ligada a horarios resulta una de las grandes frustraciones de sus clientes. La experiencia les ampara, puesto que las técnicas que miden la concentración y los resultados ofrecen mejores parámetros en las jornada de mañana que en la de tarde.

Un asunto que también se obvia en los métodos de producción más tradicionales es el entorno. Sin llegar a las idílicas oficinas de la punto com ¿Se preocupa el empleador de ofrecer a su equipo un entorno el que pueda desarrollar su potencial y su creatividad? No, ciertamente, oficinas luminosas, espacios abiertos, colores alegres y cálidos, cierta flexibilidad con tu propio espacio..son aspiraciones todavía lejanas.

Como experta en estos entornos, Verónica Rodríguez Orellana recomienda, además, la presencia de plantas, el silencio como forma de concentración y la salud como objetivo: protector de pantalla, apoya muñecas para el ratón y sillas diseñadas para cuidar nuestra espalda.
Por último, ya nos encontremos en un entorno rígido o flexible, ningún empresario debe obviar estos tres puntos básicos para una modernización y optimización de su sistema de trabajo. Y , por supuesto, para la felicidad de sus empleados.

Eliminar la presencia del llamado “barro tóxico” : El lodo en el trabajo se forma con la avalancha de comentarios negativos, culpabilizaciones y críticas a los compañeros. Hay que ponerle freno. Si lo logras, la culpa se evapora y la productividad aumenta. Un equipo sin barro es liberador.

Mobbing, jamás. Es una epidemia silenciosa que debemos saber identificar para desterrarlo por completo. Algunas de sus manifestaciones son: acoso a un compañero a través de calumnias, rumores , aislarle o ignorarle . En un buen equipo de trabajo todos reconocemos que somos diferentes y eso nos hace más creativos y mejores personas.

Dotar de autonomía laboral al empleado, el control llevado al extremo lo único que genera es infantilización de las situaciones y no permitir asumir nuestras responsabilidades como adultos y trabajadores .