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La IA multiplicará por cuatro la capacidad mundial de los centros de datos hasta 2035 

La expansión de la inteligencia artificial está acelerando la construcción de centros de datos en todo el mundo y transformando la distribución geográfica de esta infraestructura estratégica. Según el estudio The Global Build-out Race: AI Data Center Study | Part 1, elaborado por Roland Berger, la capacidad instalada mundial se multiplicará por cuatro en una década, al pasar de 88 gigavatios (GW) en 2025 a 341 GW en 2035. Durante ese periodo, el peso de la IA en la demanda total de potencia crecerá del 20% a casi el 60%. 

Las previsiones apuntan a que la capacidad global alcanzará los 224 GW en 2030, tras registrar un crecimiento anual del 21%. Para entonces, la inteligencia artificial representará aproximadamente la mitad de la demanda energética de los centros de datos. Sin embargo, este desarrollo no será homogéneo. Europa perderá peso relativo y pasará de concentrar el 13% de la capacidad instalada mundial al 10%, mientras que Norteamérica mantendrá una posición dominante, con alrededor del 58%. 

La inversión en hyperscalares se duplica 

El aumento de las necesidades de cómputo de las nuevas generaciones de grandes modelos de lenguaje, unido a la rápida adopción de estas tecnologías, explica el impulso de los proyectos de infraestructura digital. En este contexto, la inversión de los grandes operadores de nube, conocidos como hyperscalers, rondará los 750.000 millones de dólares en 2026, casi el doble que en 2025. 

Roland Berger considera que las perspectivas de crecimiento a largo plazo del sector siguen siendo sólidas. No obstante, advierte de que el ritmo inversor actual, que supera los ingresos que genera la IA en el presente, y la presión sobre el flujo de caja de algunos operadores introducen vulnerabilidades en el mercado y podrían provocar una moderación temporal de la actividad. 

«Los centros de datos de IA son infraestructuras muy intensivas en capital y con plazos largos de desarrollo, y quien invierte necesita reglas estables y tiempos de tramitación predecibles. El estudio muestra que las ayudas financieras no son un incentivo suficiente y que las decisiones de ubicación dependen en gran medida del marco regulatorio y del acceso a la red. Además de con Estados Unidos, se compite entre mercados europeos, por lo que tomarán ventaja los países que ofrezcan más previsibilidad», señala Juan Luis Vílchez, senior partner de Roland Berger en Iberia. 

Norteamérica aumenta su ventaja frente a Europa 

Las diferencias entre ambas regiones ya son evidentes. En 2025, Norteamérica contaba con 4.322 centros de datos, de los cuales 4.032 estaban en Estados Unidos. Esta cifra supera la suma de las instalaciones de Europa Occidental y Asia. Además, la capacidad norteamericana crecerá de 49 GW en 2025 a 130 GW en 2030. 

Europa también ampliará sus infraestructuras, pero a un ritmo inferior. Su capacidad pasará de unos 11 GW a aproximadamente 23 GW durante el mismo periodo. Aunque esto supone prácticamente duplicar la potencia instalada, el crecimiento anual será del 15%, frente al 22% previsto para Norteamérica y el 19% de China. 

La brecha también se refleja en la dimensión de los grandes proyectos anunciados. Entre los desarrollos que superan el gigavatio de capacidad, solo uno se encuentra fuera de Estados Unidos: el campus SINES, en Portugal, que prevé alcanzar aproximadamente 1,2 GW en 2030. En Europa destaca también Cambois, en Reino Unido, un proyecto cuya capacidad prevista ronda los 700 megavatios. 

A esta diferencia de escala se suma el perfil de la actividad europea en inteligencia artificial. La región se orienta principalmente a la inferencia, es decir, a la ejecución de modelos ya entrenados, que suele requerir instalaciones más pequeñas que las destinadas al entrenamiento de modelos de frontera. Esta especialización limita la capacidad europea para atraer de forma orgánica inversiones de gran envergadura en centros de datos. 

Hasta siete años para conectar un centro de datos en Europa 

El informe identifica tres grandes obstáculos que explican las dificultades de Europa para competir en este mercado. El principal, según los profesionales encuestados, es el acceso a la red eléctrica. La conexión de un nuevo centro de datos puede demorarse hasta siete años en Europa, frente a un plazo de entre uno y tres años en Estados Unidos. 

A esta diferencia contribuye la posibilidad de que los operadores estadounidenses recurran a sistemas de generación eléctrica propios en las instalaciones, una alternativa que las normas medioambientales europeas restringen considerablemente. 

El segundo factor es el coste de la energía. Un centro de datos de IA con una potencia de un gigavatio consume tanta electricidad como una ciudad de alrededor de un millón de hogares. Europa soporta algunos de los precios industriales de la electricidad más elevados entre los principales mercados de esta infraestructura, y la energía representa aproximadamente el 40% de los costes operativos de sus instalaciones. 

«La energía se ha convertido en el factor limitante de los centros de datos de IA. Actualmente no basta con tener demanda y capital, hay que disponer de potencia y de conexión a la red a tiempo. En Iberia tenemos condiciones atractivas, como la generación renovable y una posición geográfica estratégica, pero solo se traducirán en inversión si la red y los permisos llegan al ritmo que exige el mercado», señala Pedro Galhardas, senior partner de Roland Berger en Iberia. 

El tercer obstáculo es la complejidad regulatoria. Los requisitos relacionados con la protección de datos, la ciberseguridad y los permisos urbanísticos y medioambientales añaden dificultades a la puesta en marcha de nuevos centros de datos. Los participantes en la encuesta sitúan esta carga administrativa entre las principales barreras para ampliar la capacidad europea. 

Una oportunidad para los proveedores locales 

Pese a las dificultades, el desarrollo más lento y los requisitos específicos de cada mercado también pueden abrir oportunidades para empresas especializadas en infraestructuras, contratistas de ingeniería y construcción y proveedores con presencia local. Estos actores pueden beneficiarse de la necesidad de adaptar los proyectos a las condiciones técnicas, energéticas y regulatorias de cada país. 

Se trata de un escenario que puede resultar más complejo para los operadores acostumbrados a trabajar principalmente en Estados Unidos, donde los plazos de conexión y las condiciones para desplegar capacidad adicional son diferentes. 

Roland Berger considera que las iniciativas políticas destinadas a ampliar la infraestructura digital representan un avance importante para reforzar la autonomía estratégica europea, aunque advierte de que todavía queda camino por recorrer. Disponer de centros de datos dentro de las fronteras europeas permite procesar información sensible y desplegar aplicaciones de inteligencia artificial bajo jurisdicción comunitaria, al tiempo que proporciona la base para desarrollar un ecosistema tecnológico competitivo. 

La capacidad de cómputo será, por tanto, un factor determinante para el futuro digital de Europa. Si no consigue acelerar la construcción de infraestructuras, facilitar el acceso a la energía y reducir los obstáculos administrativos, la región corre el riesgo de perder parte del crecimiento económico asociado a la IA y aumentar su dependencia de proveedores externos. 

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