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Nos encontramos inmersos en mitad de una ola digital que poco a poco va inundando nuestro día a día, tanto en nuestra vida personal como en nuestro entorno profesional. Los negocios cambian, la distancia entre el usuario y la tecnología se estrecha, y lo que hasta hace muy poco parecía ciencia ficción queda hoy desfasado en pocos meses. Todos los rincones de la sociedad han de adaptarse a esta nueva realidad y especialmente las organizaciones y empresas, que deben estar en primera línea de esta transformación para mantener la competitividad en un mercado cada vez más voraz.

Y es que ahora es más difícil definir la línea que la información traza desde los lugares en los que se origina hasta los diferentes puntos en los que se procesa. El concepto de centro de datos es cada vez más amplio y hoy día casi cualquiera de nosotros podría ser un elemento de esta cadena, no sólo por la cantidad de información que generamos sino porque los dispositivos que llevamos con nosotros en nuestro día a día son capaces de procesar ya parte de esa información.

Así es como explota definitivamente el modelo de Edge Computing, que podemos definir de manera general como todo aquello que no está ni en el centro de datos central o core de una organización, ni en la nube publica, aunque en realidad debemos entenderlo como algo mucho más amplio, como esa intersección del mundo físico y del mundo digital donde se genera información y se obtiene valor de la misma. Edge actualmente cubre una amplia variedad de entornos, como pueden ser por ejemplo fábricas de producción industrial inteligente, tiendas de comercio minorista, plataformas petrolíferas, turbinas eólicas o vehículos conectados en múltiples modalidades.

Inmediatez para sobrevivir

En los últimos años se ha invertido la tendencia que había imperado durante las últimas décadas y que llevaba a centralizar todo lo posible la tecnología. La mejora en las comunicaciones -explotando definitivamente con la incursión del 5G en todos los sectores de la sociedad-, así como la aparición de un nuevo elenco de fuentes de información que llega de la mano del mundo hiperconectado y el Internet de las cosas, han permitido que las aplicaciones, los servicios y en definitiva, gran parte de la tecnología y computación del mundo, se acerquen de nuevo allí donde suceden las cosas: al origen de los datos.

El Edge Computing es todo aquello que no está ni en el centro de datos central o core de una organización

Y esto nos lleva a la palabra clave que mueve el mundo competitivo en el que vivimos hoy: inmediatez. Las organizaciones son ahora capaces de extraer valor de la información y tomar decisiones en tiempo real, mejorando y digitalizando sus procesos, creando nuevas líneas de negocio, o simplemente pudiendo llevar tecnología a dónde hasta ahora no podía llegar. Aquellas compañías que aprovechen el poder el Edge Computing y sepan desplegar con agilidad sus servicios e infraestructura de acuerdo a las nuevas necesidades serán las que estarán en una mejor posición para hacer frente a la carrera digital.

El desafío de la computación perimetral

Según los analistas, el 80% de la información que se genere en 2025 lo va a hacer en lugares que se encuentran fuera de lo que denominaríamos un centro de datos tradicional. Gartner estima que el 50% de la infraestructura que se despliegue en 2023 lo hará en entornos de Edge. Y según IDC, el número de aplicaciones que se ejecuten en entornos de esta naturaleza va a crecer en nada menos que un 800% antes de 2024.

La nueva realidad implicará un nuevo modelo para muchas organizaciones, que tendrán que hacer frente a la complejidad que plantean nuevos paradigmas y arquitecturas, a grandes retos en materia de seguridad o a la dificultad de mantener consistencia entre todos los elementos del stack. Un entorno de borde no es un entorno aislado, debe cumplir los estándares regulatorios y organizativos que impone un determinado mercado u organización, debe ser capaz de adaptarse y escalar de manera ágil y eficiente, y debe integrarse en el ecosistema existente con garantías.

Y aquí es donde será vital marcar una estrategia que conjugue simplicidad y seguridad, que entienda que este tipo de despliegues deben convivir tanto con las grandes infraestructuras on-premise como con los diferentes servicios de nube pública que coexisten en el mapa tecnológico de la mayoría de corporaciones. Y deberemos buscar simplicidad con el consumo de soluciones extremo a extremo y plataformas integradas y paquetizadas que simplifiquen despliegues y operación. También garantizar la integridad de todos los elementos, su seguridad y su disponibilidad -algo complejo en un horizonte en el que cada vez hay más puntos de computación y fuentes de información-, así como mantener estándares y homogeneizar infraestructura, procesos y plano de control.

El desafío es inmenso y el momento es ahora, y el reto que supone aprovechar las posibilidades que nos brinda hoy la tecnología hace del Edge Computing una aventura tan compleja como fascinante.

Por Andrés Jiménez, Senior Solutions Architect, Dell Technologies Spain

 

 

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