Miquel-Barceló esperanza matemática

Hace ya más de dos décadas, en clase, solía pasar a mis estudiantes un documental en el que se hablaba de cómo la tecnología informática podía ayudar en el ámbito de la medicina.

Entre otros ejemplos, se ilustraba la colocación de una prótesis de cadera. Para quien no lo sepa, encajar esa prótesis era, antes, una verdadera “bestialidad”. Según ese documental, el cirujano hacía un hueco en lo que quedaba de la cabeza o inicio del fémur (con escarpa y martillo) para poder alojar en él la nueva prótesis. Una verdadera carnicería que podía finalizar bien (si el encaje salía perfecto) o no tan bien cuando algo no encajaba de manera apropiada o la inclinación de la prótesis no era exactamente la adecuada.

En el documental se mostraba alternativamente cómo un pequeño robot, con sólo tres puntos de referencia en el cuerpo del paciente, tras un previo y completo estudio de todos los detalles de esa inserción, podía proceder con un taladro mecánico a barrenar el fémur para poder alojar en él la nueva prótesis. Un procedimiento mucho más limpio y seguro en cuanto a sus resultados finales.

Desde la década de los setenta se conocen los sistemas expertos de ayuda al diagnóstico, pero desde entonces han surgido nuevas herramientas disponibles para ayuda al diagnóstico por la imagen (tan usado hoy en día) que no serían posibles sin la informática y las comunicaciones digitalizadas. Así ocurre con la ecografía, la resonancia magnética, los TAC’s o la endoscopia por poner sólo unos ejemplos. Y a eso habría que añadir los nuevos sistemas de consulta e intervención como los que conforman la telemedicina, sin olvidar la importancia de la informática en los complejos sistemas de gestión hospitalaria, el análisis de la posible interacción de medicamentos o, incluso, la imprescindible base de datos en la que almacenar la secuenciación del genoma humano y tantos y tantos ejemplos posibles de la informatización rampante de la medicina moderna.

Pero aunque mucha de la moderna medicina utiliza en amplio grado técnicas informáticas, parece que los informáticos quedan al margen de intervenir decisivamente en ese tipo de aplicaciones.

Creadas en 1976 en Madrid, Barcelona y el País Vasco las primeras Facultades de Informática del país parecen resistirse a tener en cuenta la informática médica en sus planes de estudio. Al menos así ha sido durante muchos años en la Facultad de Informática de Barcelona (FIB-UPC) en la que he ejercido como profesor e investigador desde su fundación en ese año de gracia de 1976.

En los planes de estudio de ingeniería informática suele faltar la informática médica

Desde ese año, he visto el nacimiento de diversos planes de estudio para la licenciatura informática primero y para la ingeniería informática más recientemente. Hoy quisiera comentar la sorpresa que siempre me ha producido el hecho de que, en esos planes de estudio suele faltar siempre una de las aplicaciones de la informática que considero de la mayor importancia y con un futuro cada día más prometedor: la informática médica. No está como asignatura ni, mucho menos, como especialidad.

Una vez más nos encontramos en un ámbito de aplicación que exige la multi-disciplinariedad y mucho más cuando imaginamos los modernos sistemas de telemedicina posibles en Internet o los grandes sistemas de información de actividades médicas y hospitalarias, sin olvidar temas como la tarjeta con chip incorporado con el historial médico de un ciudadano que ya empieza a utilizarse en algunas de nuestras autonomías. Médicos, informáticos y biólogos deben trabajar conjuntamente y por ello me sorprende que a los futuros ingenieros informáticos no se les introduzca en este importante campo de aplicación de la informática.

La razón no deja de ser sencilla: la mayoría de los profesores (quienes deciden al final los nuevos planes de estudio) no se han especializado en temas informático-médicos y es demasiado fácil que se olviden de esa aplicación. Sí conocen los sistemas de información, las bases de datos, los sistemas expertos, la inteligencia artificial, la calculabilidad y toda esa parafernalia informática clásica. De esos temas hay asignaturas e incluso especialidades pero de una aplicación tan importante como el uso médico de la informática, la robótica o la inteligencia artificial, se olvidan fácilmente. Una verdadera lástima…

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