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incertidumbre encamina

2030: gobernar la incertidumbre sin frenar la transformación 

¿Qué significa hoy planificar el horizonte 2030 cuando la tecnología cambia cada pocos meses? Esa fue la pregunta que articuló la segunda edición de Espacio CIOs #THINKINCOLORS, el foro impulsado por ENCAMINA para reunir a responsables tecnológicos en un entorno de conversación abierta y confidencial. En esta ocasión, la sesión contó con la participación de María Vázquez, directora de Soluciones en Microsoft España, que abrió el debate con una reflexión sobre cómo imaginar y gobernar el futuro de las organizaciones en un contexto marcado por la inteligencia artificial. 

A partir de esa pregunta inicial, CIOs de distintos sectores compartieron experiencias sobre estrategia, gobierno tecnológico, talento, productividad y adopción de IA. Aunque las realidades de sus organizaciones son diferentes, muchos de los desafíos que describieron resultaron sorprendentemente similares. 

Planificar a largo plazo cuando todo se mueve 

Uno de los asuntos más recurrentes durante la sesión fue la dificultad de mantener planes estratégicos a cinco años en un entorno que evoluciona a gran velocidad. Los participantes coincidieron en que las organizaciones siguen necesitando una dirección clara, pero también estructuras capaces de revisar prioridades con mayor frecuencia de la que era habitual hace apenas unos años. 

Más que intentar anticipar con precisión qué tecnología dominará el mercado dentro de una década, varias intervenciones apuntaron a la necesidad de desarrollar capacidades de adaptación. Formación, cultura, capacidad de experimentación y gobierno fueron algunos de los elementos que aparecieron de forma recurrente en la conversación. 

“No estamos tan interesados en la tecnología como tal; lo importante es no quedarse parado. Las compañías que no se suban al carro de la IA tendrán una desventaja competitiva enorme dentro de unos años”, señalaba uno de los asistentes. 

La inteligencia artificial estuvo presente en toda la conversación, aunque no tanto desde una perspectiva tecnológica como desde su aplicación práctica. Varios CIOs coincidieron en que las herramientas disponibles ya ofrecen suficiente capacidad transformadora y que el desafío está ahora en trasladarlas a procesos concretos de negocio. 

Automatización de tareas administrativas, desarrollo de software asistido por agentes, gestión del conocimiento o nuevos modelos de interacción con los datos fueron algunos de los ámbitos identificados como oportunidades inmediatas. 

“Mi trabajo no es hacer IA. Mi trabajo es aplicar la IA a la compañía para mejorarla. Con la tecnología actual ya tenemos un recorrido inmenso por delante”, resumía uno de los participantes. 

La conversación también abordó un desafío cada vez más visible: cómo gobernar un entorno en el que empleados y áreas de negocio pueden crear agentes, automatizaciones y aplicaciones con una facilidad impensable hace pocos años. 

Los asistentes describieron una realidad en la que la innovación suele avanzar más rápido que los mecanismos de control. El auge de las plataformas low-code y la democratización del acceso a capacidades de IA están obligando a replantear modelos tradicionales de supervisión tecnológica. 

“El gobierno siempre va tres pasos por detrás. Si eres demasiado restrictivo, el negocio encontrará otros caminos para avanzar”, apuntó uno de los CIOs presentes. En este contexto, la conversación giró hacia modelos de gobierno más ligeros, capaces de combinar velocidad, seguridad y cumplimiento normativo sin generar fricción innecesaria. 

Nuevas formas de trabajar 

La IA también apareció como catalizador de cambios organizativos más amplios.  Entre las tendencias mencionadas destacó la aparición de modelos de trabajo más transversales, donde negocio, tecnología y partners colaboran de forma más estrecha. Algunos asistentes apuntaron, además, a la creciente relevancia de estructuras organizativas basadas en equipos multidisciplinares o PODs para acelerar la ejecución. 

La evolución de los perfiles profesionales fue otro de los temas presentes en el debate. Pensamiento crítico, capacidad de aprendizaje, criterio de negocio o habilidades de comunicación aparecieron como competencias especialmente relevantes en un contexto de automatización creciente. 

Más allá del ROI 

La medición del impacto de la IA generó uno de los debates más interesantes del encuentro. Aunque el retorno económico sigue siendo un indicador fundamental, varios participantes señalaron que no siempre permite capturar todo el valor generado por determinadas iniciativas. 

Durante la conversación surgió el concepto de ROE (Return on Employee) como una forma complementaria de analizar el impacto de la tecnología en productividad, capacidad de aprendizaje o calidad de la toma de decisiones.  La cuestión de fondo era compartida por muchos de los asistentes: cómo evaluar inversiones cuyos beneficios no siempre son inmediatos, pero que pueden resultar determinantes para la competitividad futura de la organización. 

Seguridad y resiliencia en el horizonte 2030 

La ciberseguridad, la soberanía tecnológica y la resiliencia digital completaron la agenda de temas abordados durante la jornada. 

Los CIOs coincidieron en que la adopción masiva de inteligencia artificial amplifica tanto las oportunidades como las superficies de riesgo. En consecuencia, la seguridad dejó de entenderse únicamente como una responsabilidad técnica para convertirse en una preocupación transversal que afecta a toda la organización. 

También se discutieron aspectos relacionados con la dependencia tecnológica, la concentración de capacidades en grandes plataformas y la necesidad de mantener alternativas que permitan reducir riesgos y ganar flexibilidad. 

La conversación concluyó con una reflexión sobre qué esperan hoy las organizaciones de sus socios tecnológicos. Más allá de la capacidad técnica, los asistentes destacaron la importancia de contar con partners capaces de aportar criterio, experiencia práctica y conocimiento de lo que está ocurriendo en otras compañías. “Lo que más valor aporta un partner hoy es ayudarnos a reducir la incertidumbre y acelerar la toma de decisiones”, resumía uno de los participantes. 

La sesión no dejó una hoja de ruta única ni respuestas definitivas. Sí puso de manifiesto una realidad compartida: la planificación estratégica sigue siendo necesaria, pero debe convivir con una capacidad de adaptación mucho mayor que en el pasado. 

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