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Dos informes de la firma de analistas Forrester Research han puesto en duda todo aquello que rodea a la Web3. De ellos destaca, sobre todo, el titulado como “Web3 promete un mejor futuro en línea pero contiene las semillas de una pesadilla distópica”.

Punto por punto, Forrester analiza lo que supuestamente ofrece y también, punto por punto, derriba todas esas bondades. Así, afirma que la pretendida descentralización que acompaña a Web3 es imposible de lograr, como lo demuestran los proyectos criptográficos actuales que se centran en ciertos actores.

También afirma que lo de los contratos inteligentes desarrollados por una comunidad que se encarga de su codificación y que hacen cumplir sus reglas no es tan ideal como parece y se pregunta por que los usuarios deben confiar en unos desarrolladores que no conocen no se sabe quién los supervisa. La firma asegura que esas supuestas organizaciones autónomas descentralizadas que existen como una colección de contratos inteligentes no tienen base legal y funcionan bajo la suposición utópica de que todas las posibilidades pueden codificarse. Forrester no se achanta y llega a asegurar que uno de los mantras que se escuchan de forma constante es que la Web3, al estar basada en código abierto, es totalmente transparente. La firma analísta no pone en duda las ventajas y el valor que ofrece el OpenSource, pero sí que afirma que su empleo no detiene la formación de monopolios y que, al final, depende de un pequeño grupo de personas que son los encargados de evaluar el código.

Dinero para unos pocos

Foorester no deja títere con cabeza y va a degüello con otro de los principios sobre los que se basa. Uno de ellos es el que tiene que ver con sus principios criptoeconómicos diseñados para que los sistemas beneficien a todos los participantes y no sólo a unos pocos. Forrester cree que ocurre justo lo contrario: la Web3 favorecerá a los más ricos y hará que se amplíen los monopolios.

Forrester analiza lo que supuestamente ofrece Web3 y también, punto por punto, derriba todas esas bondades

Por supuesto, en lo que se refiere a los principios de privacidad y control de los datos por parte de los propios usuarios, la firma de analistas también lo pone en duda ya que la mayoría de ellos o bien no saben o no quieren tomar decisiones de forma constante sobre sus datos. Ni tan siquiera se van a molestar en administrar su propia identidad, básicamente porque desconocen cuál es la forma de hacerlo.

No se vayan todavía, aún hay más. Otra de las recurrentes bondades que va intrínseco es la que afirma que los usuarios controlan las aplicaciones y las redes que usan. Forrester, prácticamente se ríe de esta afirmación asegurando que sólo unas pocas personas expertas en tecnología son las que pueden controlar esas aplicaciones. El resto, no. De hecho afirma que ya han aparecido voces discordantes en la comunidad de usuarios sobre el control que hacen esos pocos de las aplicaciones. Así que Forrester se pregunta: “Si ya hay gente que desconfía de esto, ¿cómo van a confiar en la administración de su dinero?” Y es aquí cuando asegura que nos encontramos ante un el escenario distópico.

Web 3.0 y Web3 no son los mismo

Además de tumbar sus bondades, en otro informe titulado “Web3 y Web 3.0 son sinónimos hoy, pero esto no siempre fue cierto” Forrester Research da un capón a todos aquellos que la presentan como algo novedoso y hace un recorrido de la evolución de la web en los últimos años.

Lo primero que hace Forrester es indicar que, en general se confunde la denominada Web 3.0 con lo que es la Web3. La primera de ellas era una web semántica, mientras que la segunda surge allá por 2014 cuando el cofundador de Ethereum, Gavin Wood, empieza a insistir en que la cadena de bloques de Ethereum debería convertirse en la base de una web descentralizada.

Sin embargo, la insistencia de Wood, no debió tener mucho éxito hasta que en 2021 volvió a coger impulso con una mezcla de marketing y tendencias en las que cabe prácticamente de todo. Tal y como se desprende del informe de Forrester son muchas las personas que están empleando el término como un cajón de sastre para todo lo relacionado con blockchain, metaverso o NFT de tal forma que en un breve periodo de tiempo todos los proyectos de blockchain o las iniciativas que surgen en el mundo de los NFT han sido rebautizados como proyectos Web3 rebautizados”.

La firma de análisis carga aquí también con algunas de las supuestas bondades que proporciona la Web3 como las finanzas descentralizadas (DeFi) que les parece una buena idea, pero que deja sin protección al consumidor, mientras que la gestión de riesgos requiere la inspección del código que pocos pueden realizar. Forrester señala que además está “dominada por especuladores en criptomonedas y otros activos digitales como NFT; es un entorno no regulado en el que las acciones de los estafadores hacen que las mejores intenciones que se puedan tener, desaparecen.

Como señal de que nos encontramos ante un producto sobrevalorado, Forrester indica que sólo cuando las firmas de capital riesgo dejen invertir una morterada en estos proyectos no se descubrirá lo que realmente esconde. Concretamente, el informe asegura que “hasta que no se cierre ese grifo de efectivo, la exageración que hay alrededor suya continuará y los esquemas para hacerse rico rápidamente desplazarán a desarrollos más valiosos. Se están viendo alarmantes tendencias de construcción de monopolios y explotación”.

Al final, la consultora aconseja extremar la precaución al evaluar proyectos Web3, aconsejando a los ejecutivos que se aseguren de que entienden exactamente quién se beneficia de un proyecto y en qué moneda, y que consideren los problemas de gobernanza y privacidad creados al compartir información de clientes en una cadena de bloques.

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