Definitivamente, hay que dejar la chaqueta, y, sobre todo la corbata, en casa. Son prendas anacrónicas que, en el caso que nos ocupa, de compatibilidad con el trabajo, nos estorban y no nos dejan producir adecuadamente.

Esto yo lo sabía desde hace muchos años, pero nunca me atreví a decirlo. Lo hago ahora que me he cargado de razón, después de comprobarlo en mis experiencias foráneas. Lo llevo experimentando desde hace años. Los más recientes, en las últimas semanas.

El mes pasado, a los que siguen mi columna en BYTE TI, les contaba que había estado recientemente en Israel, invitado por la Embajada judía en España, para recoger información de empresas israelitas que quieren exportar sus productos tecnológicos a nuestro país. No les voy a contar cómo iban vestidos los periodistas invitados, porque, el que más y el que menos de mis lectores, habrá tenido alguna ocasión de poder constatar que la vestimenta de los plumillas lleva ya muchos años confundiéndonos con el buen gusto. Me refiero a los ejecutivos (cerca de 50 pasaron por nuestras grabadoras) de esas compañías, que parecía que, en lugar de tener que ir a explicar las bondades tecnológicas de sus productos, acudían a un espectáculo futbolero.

Pero lo que más me confirma mi tesis es lo vivido todavía más recientemente, en Orlando, en el desarrollo del encuentro que realiza todos los años IBM en torno a su Lotusphere, del que damos información en páginas interiores de BYTE TI. Aquí sí que ya no me quedan dudas. ¡Qué espectáculo! ¡Qué transformación! No ya los asistentes: imagínense lo variopinto de más de cinco mil personas de los cinco continentes, un crisol donde destacaban los pantalones cortos o los ya puesto de moda chirriantes modelos de traje con zapatillas deportivas. No, esto ya está completamente desmadrado. Lo que más llama la atención es la vestimenta de los otrora modelos de elegancia de la multinacional americana IBM. ¡Si Álvaro Polo levantara la cabeza!

Definitivamente hemos cambiado. Y la prueba irrefutable es que el paradigma de la educación formal en el vestir, el afamado y tradicional Traje Azul de los empleados de IBM ha pasado a mejor vida. Se les puede ver, cómo mucho, con traje (todo menos azul), sin corbata, todavía camisa blanca, con gemelos, eso sí, y algún que otro pañuelo sobresaliendo en el bolsillo del corazón de la americana.

¿Y todo esto es bueno o malo? Pues para mí que bueno. Porque, al menos en los dos casos reseñados, lo que prevalecía era un ambiente de negocio, sin atisbo alguno de crisis, donde se aprovechaba el tiempo y donde lo que menos importaba era la pinta infame de algunos.

Por mí, que todo siga así. Me pensaré volver a hacer el ridículo metiendo una corbata en mi maleta.