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Los códigos QR existen desde hace casi tres décadas. Al tratarse de una funcionalidad original y novedosa, alcanzaron con el tiempo cierta fama, y se utilizaban con frecuencia para transmitir un mensaje de innovación y visión de futuro en la presentación de campañas. Pero lo cierto es que los códigos QR no fueron ampliamente aceptados por la sociedad, y parecían destinados a ser una simple anécdota en la historia de la tecnología digital.

Y llegó la pandemia. El cambio hacia el trabajo en remoto sucedió (literalmente) de la noche a la mañana, y el distanciamiento social provocó una necesidad urgente de disponer de soluciones, incluida la tecnología sin contacto. Las empresas hicieron todo lo que estaba en sus manos para adaptarse, intentando encontrar cualquier recurso que les permitiera mantenerse seguros y operativos en su actividad. Y en esa situación, resurgen los códigos QR.

Desde escanear los menús en los restaurantes, pasando por la gestión de las citas médicas y el cumplimiento de los formularios de salud, los códigos QR han permitido seguir adelante con la actividad y la vida de las personas, desde una distancia segura. Gracias a los códigos QR, los consumidores pueden acceder fácilmente a los sitios web, enviar pedidos e incluso realizar pagos. Las empresas pueden conectar con sus clientes manteniendo los protocolos de salud y seguridad. Las autoridades gubernamentales han utilizado los códigos QR para facilitar la localización de contactos y el procesamiento de visitantes en los puestos fronterizos de control. En definitiva, los códigos QR han impulsado una sociedad sin dinero en efectivo y sin papel, permitiendo la realización de todo tipo de intercambios.

Dado que el auge de los códigos QR es una realidad, he sentido curiosidad por saber con qué frecuencia los utiliza la gente. Para averiguarlo, mi empresa llevó a cabo un seguimiento a un informe de 2020 sobre la adopción de los códigos QR. Los resultados revelaron cambios significativos que tuvieron lugar en pocos meses, tanto en las actitudes del consumidor como en el uso de los códigos QR.

Por ejemplo, el 83% de los consumidores encuestados declaró haber utilizado un código QR por primera vez en el último año para procesar un pago. Y lo que es más revelador, el 54% utilizó un código QR para efectuar un pago, por primera vez en los últimos tres meses.

El 83% de los consumidores encuestados declaró haber utilizado  códigos QR por primera vez en el último año para procesar un pago

Llama la atención que una funcionalidad similar a un código de barras creada en 1994, alcance su mayor auge pasada una generación. Pero, ¿cuál será el siguiente paso? ¿Cómo evolucionarán los códigos QR a partir de ahora? ¿Son un producto del momento o están aquí para quedarse?

Lo bueno

Piense en cómo era la vida antes de la pandemia. Cuando salías a cenar a un restaurante, te entregaban un menú físico y un camarero te saludaba y te explicaba lo que había en la carta. En la consulta del médico, se rellenaban manualmente páginas de impresos (¿recuerda esas pequeñas cajas?). Esa forma de proceder se ha mantenido inalterable durante generaciones. Puede que los consumidores hayan incorporado la tecnología a su vida cotidiana, pero las experiencias de servicio no se han puesto al día. Los códigos QR apenas se utilizaban en esas y otras muchas interacciones cotidianas.

Avancemos hasta 2021. Todo ha cambiado. Y los códigos QR – que antes eran sólo un complemento innovador- se han convertido en una necesidad práctica.

Se espera que los fundamentos que han impulsado este cambio vayan mucho más allá de la pandemia. Como se está haciendo evidente en muchas industrias, el consumidor prefiere la comodidad del acceso digital, y seguirá requiriéndolo en el futuro. Esto afecta a casi todos los sectores y requiere soluciones a largo plazo, capaces de mantener la satisfacción de los clientes, socios y empleados. Y es probable que los códigos QR formen parte de la solución.

Lo malo

Aunque el uso de los códigos QR ha aumentado, no ha ocurrido lo mismo con el conocimiento que tienen los consumidores sobre las posibilidades y capacidades de esta tecnología. Muchos aún desconocen que un código QR puede abrir una URL o descargar una aplicación cuando se escanea. Este hecho puede no sorprender, pero es sin duda peligroso: si cada vez hay más personas que utilizan por primera vez los códigos QR y no entienden cómo funcionan ni hasta dónde puede llegar, existe un enorme riesgo de ciberseguridad, tanto para los consumidores como para las empresas.

Lo peor

Cualquier aumento en la adopción de una tecnología que no vaya acompañado de los correspondientes protocolos de seguridad, genera oportunidades para los “malos actores”, los phishers y los estafadores. Desgraciadamente, los códigos QR pueden publicarse con intenciones maliciosas sin levantar sospecha alguna. Incluso los consumidores que se consideran capaces de identificar una URL o un sitio web malicioso, confían mucho menos en su capacidad para detectarlo en un código QR.

Es importante señalar que las amenazas a la seguridad no residen en el propio código QR, sino en la falta de concienciación que existe sobre su funcionamiento. Los usuarios deben ser conscientes de que los códigos QR maliciosos están a la orden del día y pueden aprovecharse de la buena fe de las personas, dirigiéndolas a sitios web falsos que parecen legítimos pero que son solo réplicas perfectas, diseñadas estratégicamente para robar información personal y financiera. Lo que parece un escaneo fácil, unido a la falta general de seguridad de “confianza cero” en los dispositivos móviles, puede acarrear serios problemas.

Los problemas de seguridad -especialmente teniendo en cuenta el aumento de los ataques a móviles, la mayor sofisticación de los hackers y la ingente cantidad de datos que albergan los dispositivos móviles- son vulnerabilidades de las que el público en general debe ser consciente cuando abre una URL, envía un mensaje de texto o utiliza dispositivos personales en dominios públicos. A medida que se consolida un entorno cada vez más digital, las empresas deben instar a sus empleados a ser conscientes de los riesgos y permanecer atentos. Hay que desconfiar de los códigos QR escaneados en público, especialmente de aquellos que solicitan información sensible. Por supuesto, una advertencia no es suficiente, a menos que exista una forma de asegurar que el código es válido. Por este motivo, es de importancia crítica utilizar sistemas de seguridad de alto rendimiento (y actualización periódica).

El futuro

La transformación digital, al igual que el auge de los códigos QR, tiene importantes implicaciones para los usuarios y las empresas. Los consumidores se sienten atraídos por el estilo de vida en tiempo real, y la tecnología ha servido de puente en muchos sectores para ofrecer lo que se necesita de forma rápida y eficaz. Y no es muy probable que podamos retroceder y eliminar todos los avances realizados en la simplificación de procesos, que permiten acceder a lo que necesitamos cuando lo necesitamos.

Por su parte, la ciberseguridad debe seguir el ritmo de esa transformación. La pandemia aceleró rápidamente este proceso y, en demasiados casos, las empresas y los usuarios se subieron al carro sin adoptar las medidas necesarias de ciberseguridad.

Aunque no podamos predecir el futuro, es muy probable que la tendencia a vivir en un mundo sin contacto, interactuando desde cualquier lugar, haya llegado para quedarse y llegue a ser omnipresente. Es necesaria una intensa labor de educación y concienciación para afrontarlo -los buenos, los malos y los feos- asociados a las tecnologías implicadas. Manos a la obra.

Becca Chambers, Vice President of Global Corporate Communications de Ivanti