Forrester estima1 que, actualmente, el 66% de los trabajadores en EEUU y en Europa Occidental ya trabaja de forma remota. La posibilidad de trabajar de forma remota, y cada vez más desde plataformas móviles, conlleva un alto valor comercial y ofrece una ventaja competitiva a las empresas.

El cambio de actitudes y de costumbres de trabajo nos ha llevado a querer estar disponibles y trabajar online desde cualquier punto del globo. Necesitamos estar conectados en cualquier momento y lugar, al email, al sistema de ventas, a la base de datos o a la intranet corporativa, para poder hacer nuestro trabajo. Todas las aplicaciones y los datos que utilizamos para trabajar podrían alojarse, y de hecho se alojan, en ningún sitio y en todos, en ese confuso e indefinido lugar denominado la Nube.

En este entorno, trabajadores y dispositivos remotos crean la necesidad de datos y aplicaciones “remotos”, lo que somete los recursos de TI a una fuerte presión; los departamentos de TI deben definir dónde y cómo se mantienen y acceden a sus aplicaciones y datos más importantes y las medidas de seguridad relacionadas con ello. Esta es la cúspide de la nube. Y esa cúspide está cada vez más virtualizada. La tendencia hacia un entorno de trabajo más conectado y móvil implica que los activos de las empresas son cada vez menos físicos y más virtuales, y este cambio requiere un enfoque diferente en la gestión de los departamentos de TI.

Cuando decimos que las organizaciones se están convirtiendo en “Empresas Virtuales” nos referimos a que tanto trabajadores como empresas interactúan de una forma cada vez más virtual. Nos encontramos en un momento interesante en la evolución de la forma de trabajar, y de la tecnología que lo permite.

Como ya ocurrió en el pasado, estos cambios en la forma de trabajar han ido por delante de la creación de los componentes tecnológicos que permiten el trabajo remoto, como por ejemplo acceder a tu email cuando un volcán entra en erupción y la mitad de los aeropuertos del mundo están cerrados. Las costumbres de los trabajadores y las necesidades de las empresas en este mundo cada vez más conectado han sobrepasado la capacidad de los centros de datos y de las redes IP de las empresas; y el despliegue de nuevas aplicaciones y herramientas está siendo frenado por el mismo problema. Pues bien, el Cloud Computing ofrece un enfoque distinto para hacer frente a este gran desafío.

El aumento de la flexibilidad, los costes gestionados y predecibles, y la reducción tanto en CAPEX como OPEX han motivado un aumento de la demanda y la adopción de servicios cloud. El motivo es fácil de entender: En lugar de tener que invertir grandes sumas de dinero y tiempo en la implementación de infraestructuras complejas, comprar servidores, licencias de software, formación y tecnologías de red y aumentar la plantilla para desplegar una nueva aplicación, basta con llamar a su proveedor de servicios para que instale una aplicación en los equipos de ciertos empleados en sólo unas horas. Así, el trabajador remoto podrá acceder a dicha aplicación con sólo introducir su usuario y clave.

La nube ahorra a las empresas muchos dolores de cabeza y les aporta grandes ventajas. Estas necesitan redes óptimas que aseguren la conectividad adecuada, y no todas las operaciones pueden transformarse en soluciones cloud públicas basadas en servicios. La seguridad, las políticas internas y los requisitos legales pueden determinar si el uso de servicios de cloud de terceros son apropiados o incluso viables. Sin embargo, en los casos donde una nube pública basada en internet no es viable, se puede disponer de una solución cloud privada, que permite adoptar los mismos principios básicos pero a través de activos propios de la compañía.

En cualquier caso, para aprovechar la nube es decir, facilitar a los trabajadores las herramientas adecuadas y un acceso flexible a los recursos de TI que necesitan, las empresas requieren las tecnologías de red correspondientes. Si intentamos construir una nube sobre diseños de red tradicionales, sólo nos lloverán los problemas, las llamadas de soporte y los fallos de sistema. Para cualquier tipo de nube que se elija, ya sea privada, pública o híbrida, lo primero que se necesita es una infraestructura de TI virtualizada. Sin una gestión virtualizada del volumen de datos, de la utilización del servidor y del número de dispositivos (cada PC, móvil, portátil o teléfono IP), la complejidad de la red y el número de puntos únicos de fallo hacen de la nube un objetivo irrealizable. Sin embargo, la virtualización en sí misma es un proceso complejo, y los diseños tradicionales de la red y del centro de datos no están preparados para sistemas virtualizados.

No obstante no hay que desesperarse ante la visión de un futuro de conexiones lentas. La tecnología para abrir el camino hacia la nube ya existe; ha evolucionado y está a la altura de la revolución de la información remota.

En una verdadera ‘empresa virtual’ la infraestructura de red debe ser optimizada para cloud computing a través de un entorno altamente virtualizado que sea sencillo, flexible y escalable y que ofrezca un alto rendimiento y una conectividad segura. Al virtualizar la infraestructura, los departamentos de TI tienen mayor flexibilidad para distribuir sus activos dentro de la empresa, y asegurarse que cuentan con suficientes recursos para soportarlos. La clave es la sencillez, y si además se cuenta con la aplicación de gestión adecuada, todo ello se puede realizar incluso desde dispositivos móviles. Sin embargo, esto no es todo.

Una red optimizada para cloud computing está diseñada para reducir costes, mejorar la agilidad y extender la virtualización a todo el centro de datos. Una tecnología clave que hacerlo posible es Ethernet Fabric, un nuevo enfoque de diseño de redes que está revolucionando las arquitecturas de los centros de datos. Comparada con las redes jerárquicas tradicionales de Ethernet, Ethernet Fabric ofrece niveles más altos de rendimiento, utilización, disponibilidad y sencillez.

Al sentar las bases para un centro de datos virtual y proporcionar una plataforma para la migración a la nube, las Ethernet Fabrics permiten una disponibilidad contínua y una gestión de la red simplificada, lo que a su vez aumenta la productividad del usuario final y reduce los costes operativos. Así se puede decir que, en cuanto al centro de datos se refiere, si la virtualización ha revolucionado la computación, las Ethernet Fabrics han revolucionado la conectividad de redes.

Las Fabrics son perfectas para lograr una infraestructura virtualizada, que nos abre el camino hacia la nube y nos permitirá estar a la altura de la evolución, y lo más importante, nos permitirá acceder en cualquier momento y desde cualquier lugar a las aplicaciones y los datos de los que todos dependemos. Podremos acceder a cualquier información desde cualquier ordenador, móvil, o portátil. No sabremos dónde se encuentran físicamente los datos accedidos, pero no importará porque estaremos demasiado ocupados trabajando. Bienvenidos a la nube.

1: Forrester, June 7, 2011 – Demystifying the Mobile Workforce