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Tradicionalmente, la única motivación en España para el reciclaje ha sido el sentimiento del deber cumplido, o como mucho el riesgo de recibir alguna sanción o desaprobación social caso no se recicle. Ya en los países del norte como Alemania, Noruega, Finlandia, etc, hay una compensación financiera por cada botella de plástico o vidrio reciclada. Para eso se emplean máquinas llamadas «Reverse Vending», en las cuales uno coloca los materiales a ser reciclados (botellas, envases, etc), y al final recibe un bono que puede ser canjeado en cualquier supermercado donde, incluso, se encuentran normalmente esas máquinas.

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Entretanto, esto tampoco es un gran incentivo, una vez que ese dinero es realmente devolución de un impuesto que incide en cualquier producto reciclable. Así, es como cuando uno devuelve el carrito de supermercado y este devuelve la moneda que habíamos puesto para desbloquearlo. No sorpreende que se recicle tan mal: el terminar con las manos pringosas para beneficios tan intangibles es pedir demásiado a la gente.

Se nota entonces que tenemos aqui un gran modelo de negocio en el sentido de ofrecer un beneficio mças tangible que nuestro propio dinero o una palmadita en la espalda como pasa hoy. Un modelo en el cual uno recibiera dinero vivo, puntos para canjear por aparatos, etc sería mucho más apetecible para la población, y la estimularía a reciclar más y mejor. En ese sentido, y habiendo vivido en pahíses donde sé que la persona con más de 40 años no consigue más empleo, sé de primera mano el enorme beneficio social que conlleva poder reinsertar en el mercado esa fuerza de trabajo. Por eso, a mi me gustan muchos los modelos como Uber, AirBnB, Ebay, etc, donde uno puede pasar literalmente a vivir de los ingresos de esas plataformás.

Los ingresos que la empresa de reciclaje obtendrían de la reventa del plástico, vidrio, metal, etc de los materiales reciclados de ninguna manera cubrirían los costes financieros en recompensar al público, o la recompensa sería tan irrisoria que nadie se daría el trabajo de reciclar. Así, es necesaria la creación de un modelo donde se pueda obtener beneficio suficiente como para recompensar suficientemente a quien recicla.

En la era del reciclaje llama la atención que hoy se recicla todo menos los datos

En ese sentido, llama la atención que hoy se recicla todo menos los datos. De hecho, todo producto que tiramos contiene un histórico de uso que vale mucho al fabricante. Poder saber dónde se tiró le informa de supermercados cerca que todavía no lo venden. El propio supermercado le gustaría saber qué producto misterioso es ese que hace que la gente se desplaze a otro supermercado a comprarlo. El tiempo que se tarda en consumir el producto también es un dato valioso, ya que permite, por ejemplo, sustituir el plástico por algún material más sostenible ya que si se descubre por ejemplo que el tiempo medio de uso del producto es solo de una semana entonces el cartón sirve como paquete. Por otro lado, el tiempo más la localización del uso permite hacer mejores estimativas de stock ya que la tendencia actual es acabar con él. Saber dónde termina el producto del competidor permite saber dónde hay un mercado en potencial. Y por ahí va la cosa. O sea, queda claro que la cantidad de oportunidades de ventas, mejoras en la paquetería, en la relación con el cliente, en la disminución de stock, etc. es enorme, y ahí es donde está el valor de nuestra empresa.

Para eso, tenemos una serie de tecnologías que permiten capturar los datos contenidos en los residuos. Algunas permiten pocos datos, pero de gran capilaridad y calidad. Otros ya nos ofrecen una gran cantidad de datos, pero más difusos y por eso más dificil de usar en cosas objetivas. Dentro de eso, podemos identificar objetos en las centrales de reciclado, o usar máquinas de reverse vending, o emplear tags RFID en productos de nuestros clientes, etc, y ofrecerles un histórico de la vida de sus productos que nunca tuvieron ya que éste terminaba siempre en el momento de la venta al supermercado. Dentro de esos modelos, el que me llama más la atención es el de las máquinas de reciclado por su capacidad de recompensar al público de manera individual.

Para eso, cualquier persona que quiera hacer parte del sistema ínstalará una APP con sus datos y, a cada lata, botella, etc que recicle, recibirá una recompensa. Y esta recompensa será mucho mayor que la de las máquinas de los países nórdicos, una vez que los datos obtenidos son de una calidad tal que traerían beneficios financieros suficientes para permitir a las empresas que los usan poder pagar por ellos. Así, sería técnicamente posible ganar dinero vendiendo la propia basura. Algo que, como hemos visto, hoy no pasa. Y nuestra tecnología es también puntera: usamos varias capas de reconocimiento que nos permiten identificar productos que llegan inevitablemente rotos, sucios, encubiertos, etc con técnicas como GAN -Generative Adversarial Networks-, para recuperar los datos perdidos en una botella. Las empresas que quieren saber del histórico de sus productos podrán tener acceso a sistemás online donde podrán ver donde sus productos o los de sus competidores han sido descartados y comparar eso con sus históricos de venta.

TeknTrash es una empresa que permitirá a colectivos en riesgo de exclusión tener acceso a una fuente de ingresos, evita el uso del plástico, y ayuda a que la gente recicle más y mejor.

Al Costa, CEO de TeknTrash