biometria facial deepfakes

Los deepfakes son cada vez más peligrosos. Se están utilizando para producir identidades digitales y documentos de identidad falsificados de una forma barata y sin conocimientos demasiado profundos. Esta tecnología ha ido evolucionando en los últimos años hasta el punto de ofrecer resultados sorprendentes, falsificando la apariencia de celebridades y políticos. Esto se ha traducido en fake news que se escampan por todo Internet durante periodos críticos, como puede ser un proceso electoral.

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Cualquiera que sepa manejar el software necesario puede crear en pocas horas un vídeo falso capaz de llevar a engaño a una gran cantidad de personas. Esto plantea una seria preocupación en 2020, cuando se avecinan unas elecciones presidenciales en Estados Unidos. La potencia norteamericana atraviesa un contexto político inestable, dentro de una creciente polarización ideológica que genera incertidumbre. La consultora de riesgos Eurasia lo tiene claro: Estados Unidos es el principal riesgo político este año.

En contextos como este, los deepfakes se vuelven especialmente nocivos, ya que suele utilizarse para suplantar a políticos y empresarios. Estos vídeos fraudulentos podrían ser una fuente de propaganda y afectar en cierta manera a los mercados financieros.

En ese sentido, las falsificaciones de identidad crean riesgos para la reputación de las víctimas. El pasado noviembre, la firma de investigación Future Advocacy utilizó la inteligencia artificial (IA) para crear un vídeo falso en el que el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, y su rival en el Partido Laborista, Jeremy Corbyn, se respaldaban mutuamente como primeros ministros. Este acto sirvió como advertencia, dejando claro que los deepfakes no son tan evidentes como muchos piensan.

La amenaza escala hasta un punto preocupante cuando vemos que existen métodos que permiten modificar una fotografía a partir de una sola imagen, del mismo modo que se puede generar un vídeo con apenas un frame o solo sonido. Pese a ello, las creaciones que se realizan en la actualidad son imperfectas y pueden detectarse, y los investigadores tienen conocimientos para encontrar inconsistencias, problemas de continuidad o autenticidad, separando lo real de lo que no lo es.

Los deepfakes no son tan evidentes como muchos piensan

Para combatir las técnicas de falsificación hace falta la utilización de biometría y de métodos multimodales, que permiten detectar el fraude a través de varias fuentes de información de una persona, desde un documento de identidad a una sonrisa plasmada en un selfie. Analizar la forma de hablar y gesticular de las personas es un paso, aunque no es tan específico como la huella dactilar o el iris de los ojos.

Por ejemplo, los parpadeos continúan siendo una asignatura pendiente para los falsificadores, pues las caras manipuladas no ejecutan dicho gesto con la naturalidad que deberían. Los humanos solemos parpadear una vez entre cada dos u ocho segundos, durando cada parpadeo entre una y cuatro décimas de segundo. En los deepfakes se aprecia fácilmente que este gesto se da mucho menos.

Existen muchos puntos en los que fijarse, como si el cuerpo se ajusta a la cara o la postura coincide con la expresión facial. La mayoría de las falsificaciones se centran en las sustituciones faciales y encuentran mayores dificultades para implementar cambios en el cuerpo. Hay una gran cantidad de detalles que incluso se pueden detectar con tan solo observar las discrepancias en el fondo de una persona.

A medida que gobiernos y plataformas de redes sociales intensifican sus esfuerzos por frenar el uso de deepfakes, muchas empresas recurren a la tecnología para ayudar a verificar las identidades de los clientes a través de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático. Esto minimiza las amenazas potenciales, incluso antes de que se introduzcan nuevas regulaciones destinadas a frenarlas. Los proveedores de tecnología deben estar siempre actualizados.

Las empresas tienen el deber de proteger la información biométrica que capturan de sus clientes o potenciales usuarios. Es ahora cuando hay que garantizar que estos datos y las identidades de los consumidores no se ven comprometidas y utilizadas para crear identidades falsas. Reducir el fraude online es clave para evitar pérdidas de millones de euros cada año en diferentes sectores, pero sobre todo para incrementar la seguridad de los datos personales y financieros de las personas.

El fraude de identidad no es un problema nuevo, pero ciertamente la innovación lo ha llevado a un nuevo nivel. Para las empresas es imprescindible recurrir a la tecnología para detectar lo que el ojo humano no siempre puede ver. La buena noticia es que la capacidad de identificar deepfakes mejora cada día más, ya que los investigadores están experimentando con IA capacitada para detectar incluso las falsificaciones más elaboradas mediante reconocimiento facial y biometría conductual.

Por Xavier Codó, CEO de Mitek en Iberia y LATAM