Juan Manuel Sáez de la Calle, Director de la Revista Byte TI
Juan Manuel Sáez de la Calle, Director de la Revista Byte TI

Me la he jugado. He tenido que escribir estas líneas antes de saber los resultados de las elecciones. He dado por hecho que ganaba Pedro Sánchez. Daba igual. Quería escribir sobre la circunstancia de que ningún partido político, -hasta donde yo he sabido (y sigo bastante la actualidad)- se ha ocupado lo más mínimo, en la larga campaña electoral, de cualquier aspecto relacionado con las nuevas tecnologías. Me parece gravísimo.

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Algo tan elemental para todos no ha conseguido ser ni asunto tangencial entre las preocupaciones de nuestros políticos. Es decir, temas como qué opinan sobre la incidencia de los progresos tecnológicos en el empleo, el uso de dispositivos en los colegios o el propio presupuesto que deberíamos aportar para la investigación son obviados, como si no fueran decisivos para el futuro de todos.

Llama la atención  la descoordinación de nuestras administraciones públicas a la hora de adquirir y utilizar los recursos informáticos que pagamos entre todos

No he podido verificar la fuente, pero, si es cierto lo que les voy a contar, deberíamos preocuparnos. Al parecer, importantes Gurús del Silicom Valley están llevando a sus hijos a centros educativos donde están prohibidos los dispositivos electrónicos. Otro estudio más probado aconseja que los chavales no sobrepasen la hora diaria ante su smartphone o tableta. Son asuntos que deberían estar en el debate político con propuestas concretas.

Y en el terreno más cercano, en el día a día, llama la atención por otro lado la descoordinación de nuestras administraciones públicas a la hora de adquirir y utilizar los recursos informáticos que pagamos entre todos. Por no citar la carencias de soluciones para informatizar la gestión de la Justicia o coordinar los datos de la sanidad pública con la privada.

Querámoslo o no, el mundo va a depender (ya depende) de las nuevas tecnologías. No saber cómo tenemos que utilizarlas es de una irresponsabilidad supina. Y sin querer hacer dramatismo, no les quiero contar lo que puede implicar no disponer de planes de seguridad para los casos de ataques que, indefectiblemente, vamos a sufrir.

Solo hay una cosa clara: Sánchez no lo va a arreglar, pero seguro que nos va a arruinar.