ernest quingles epson japon
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En el último siglo, Japón ha destacado por su desarrollo de innovaciones tecnológicas que han revolucionado el modo en que trabajamos e incluso cómo pasamos nuestro tiempo de ocio. Desde la calculadora de bolsillo (1970) al Walkman (1979) y, más recientemente, los androides (robots de aspecto humano) que hablan, observan y actúan como las personas.

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A pesar de que el activo del país como motor de productos como televisores y electrodomésticos quizás haya retrocedido, Japón ha recuperado su condición de centro neurálgico mundial en hardware de electrónica para su uso en determinados mercados de consumo y empresariales gracias al desarrollo y a la identificación de productos en categorías de rápido crecimiento, desde impresoras a robots. Por ejemplo, hardware de robótica miniaturizado para una fabricación más pequeña y localizada a medida que la industria se reubica en países occidentales; sensores de alta precisión para monitorizar los cambios que sufre nuestro cuerpo; y tecnología de comunicación visual diseñada para satisfacer los requisitos más exigentes del ámbito laboral.

A pesar de este historial largo y provechoso en innovación, con la llegada de Google, Facebook, Twitter, YouTube, Apple, Uber y Airbnb, parece que el enfoque se ha desplazado a occidente con la moda de un software «más interesante» por delante del hardware. Sin embargo, aunque hoy en día el software quizás sea el término de moda con una fuente constante de nuevos desarrollos que cubren todas nuestras necesidades, el hardware sigue siendo una fuerza motriz esencial para la evolución de la sociedad actual. Y sin duda seguirá siendo la interfaz entre el hombre y el software.

¿Por qué Japón es un país tan competente en la creación de hardware? La idea del artesano que despliega su genio y creatividad frente a clientes que lo aprecian es un componente clave del estilo de fabricación exclusivo conocido como monozukuri, que consiste en la combinación de arte y la ciencia en el proceso de fabricación y es un precursor de la producción sostenible. Todos los productos se crean en un ciclo de mejoras continuas y siempre con el cliente final en mente.

Japón realiza importantes inversiones en investigación y desarrollo. Según las cifras más recientes, Japón es el tercer país que más recursos dedica a I+D, un 3,49 % del PIB dedicado al año1  y 10 de cada 1000 trabajadores2 de la población activa trabaja en el ámbito de la investigación. En el sector empresarial, esto equivale a3 132 644 millones de dólares de un gasto total en I+D de 170 589 millones de dólares. No debería pues sorprendernos que Japón haya recibido el mayor número de premios Nobel de la ciencia en el continente asiático.

Mientras que occidente fomenta un sólido mercado de software, impulsado por un pensamiento que marca la diferencia e inversores que invierten en empresas de nueva creación innovadoras, los fabricantes de éxito japoneses siguen perfeccionando y trabajando en lo que mejor saben hacer: hardware desarrollado sobre las bases de un principio arraigado de ingeniería de precisión de calidad. Nuestro futuro colectivo surgirá de una reunión de estos dos mundos y evoluciones sociales, complementado y facilitado por ambos aspectos.

Epson aspira a convertirse en una empresa que sea realmente indispensable para sus clientes y la sociedad, y por ello incorpora esta filosofía, creando hardware de alta precisión e integrando los principios de monozukuri y sho sho shei, tecnologías (eficientes, compactas y de precisión) en todos sus productos. Aunque muchos de nuestros competidores subcontratan la producción, nosotros nos hemos concentrado en un modelo de negocio integrado verticalmente, es decir fabricamos nuestros productos en nuestras propias fábricas y de esta forma podemos crear un ciclo que nos permite reflejar las necesidades de los clientes en el diseño y la fabricación de estos productos. Epson ha impulsado la innovación durante 75 años y ahora se centra en las innovaciones en los ámbitos de la inyección de tinta, la comunicación visual, los dispositivos portátiles y la robótica. El cliente y su experiencia del hardware se encuentran en el centro de todo ello. Epson invierte en I+D 1,2 millones de euros diarios, equivalentes al 5,2 % de los ingresos anuales, para lograr los estándares de hardware más altos.

Si tomamos las gafas inteligentes a modo ejemplo, las Moverio de Epson están diseñadas para múltiples aplicaciones de usuario y el hardware incluye un panel binocular OLED de visualización de realidad aumentada único basado en silicio, con un número de píxeles muy alto, diseñado para funcionar en los entornos de trabajo más exigentes. Desde Silicon Valley a los laboratorios de investigación y desarrollo de Japón, el consenso es el mismo: el hardware seguirá siendo una constante. Mirando hacia el futuro, el hardware responsable desde el punto de vista ecológico también tendrá un papel fundamental en un futuro más sostenible, en el que el hardware de precisión, eficiente y compacto ayudará a las empresas y a la sociedad en general a reducir su impacto medioambiental.