Estamos acostumbrados a escuchar que uno de los principales problemas de nuestra economía radica en la falta de productividad de las empresas y de sus empleados. Si se compara con el resto de países de nuestro entorno los resultados demuestran que en España pasamos mucho más tiempo en las oficinas que en Alemania o en el Reino Unido y sin embargo somos menos eficaces. ¿Perdemos el tiempo en nuestra jornada laboral? Posiblemente. ¿Es culpa de nuestros horarios? Algo de esto también hay: no hay nadie capaz de rendir después de una copiosa comida, con sobremesa incluida.

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Pero aparte de estos aspectos existe otro fundamental: el talento. Nuestras empresas no sólo son incapaces de descubrirlo, sino que, en el caso de que lo hagan, son incapaces de retenerlo. Muchas veces, las compañías piensan que se tratan de un problema económico. “Se va porque quiere ganar más”, es lo que se tiende a esgrimir como justificación de una renuncia a un determinado puesto.

Aunque importante, llegado a un determinado punto, la valoración económica pasa a un segundo plano y el trabajador comienza a valorar otros apartados como son la flexibilidad laboral, el entorno que le rodea en su departamento, o si realmente está trabajando en aquello en lo que le gusta y para lo que está plenamente capacitado. Si un empleado no es feliz con lo que hace, posiblemente acabará yéndose de la empresa.

El problema viene porque, de primeras, la empresa no descubre cuál es el talento escondido de sus trabajadores y que todos ellos poseen. De esta forma, nos encontramos con personas infravaloradas que podrían incrementar la productividad de una empresa si se les pusiera a realizar una labor completamente diferente de la que están ejecutando.

Si en algún caso el talento es descubierto, sus superiores tampoco permiten que éste aflore mucho, por temor a que ellos pierdan su puesto. Éste es uno de los principales lastres de una empresa. Porque, en general, no se contrata nunca a alguien que pueda superarnos por temor a que esa persona acabe con nuestro empleo. No se nos ocurre pensar que esa persona complementará nuestras carencias y fortalecerá al equipo de trabajo y por tanto, mejorará la productividad de la empresa y generará un excelente ambiente de trabajo.

Podía seguir enumerando infinidad de causas que explicarían por qué en España tenemos una baja productividad, pero eso no es lo más grave: lo peor es que no queremos cambiar. Como se señala en nuestro tema de portada sobre las aplicaciones de Recursos Humanos y apuntado por la práctica totalidad de empresas consultadas para su elaboración, son muy pocas las empresas que gestionan el talento y lo valoran. No sólo eso, sino que cuando se les ofrecen soluciones para captarlo y retenerlo, la respuesta suele ser que ese tipo de herramientas no son útiles.

Así es difícil que consigamos ser algún día un poco más productivos que alemanes o británicos. Si encima somos nosotros mismos (y no sólo los políticos) los que ponemos piedras a nuestros empleados más talentosos, no deberíamos sorprendernos de que huyan en masa a destinos donde realmente se sientan valorados.

1 Comentario

  1. Totalmente de acuerdo, creo que muchas veces las empresas se ciegan con el capital financiero y dejan un poco de lado el capital humano. Para mi sin duda este último es el más importante para que una empresa funcione bien. El talento de una compañía es el talento de sus empleados. Fundamental invertir en esto.