Juan Manuel Sáez byte ti
Juan Manuel Sáez byte ti

Las grandes marcas de smartphones organizan fastuosos eventos internacionales cuando tienen que presentar sus últimos modelos. Suelen invitar a grandes clientes, partners y, sobre todo, periodistas. Se hace a lo grande, con fiesta y regalo del dispositivo, aunque con matices.

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Apple, por ejemplo, en su línea prepotente que le ha caracterizado de siempre, es más selectiva: solo lleva a los medios más importantes y restringe el regalo del smartphone a unos pocos. No tiene necesidad de más, porque todo el marketing se lo hacen gratis los grandes –y pequeños- grupos editoriales (esto, nunca lo he entendido).

Otro de los líderes actuales, Huawei, sigue la senda de sus grandes competidores. En la presentación de su último modelo, el Mate P9, llenó un céntrico local muniqués y los cientos de asistentes (la mayoría periodistas) recibieron, in situ, el correspondiente lujoso equipo, de más de 600 euros.

¿Qué hubiera ocurrido si Samsung, en lugar de esperar unas semanas a entregar el Note 7 a los periodistas, hubiera hecho lo que Huawei, de entregarlo en la misma presentación? ¿Alguien se imagina que le hubiera explotado a alguno de ellos?

Samsung ha variado su estrategia. Hasta hace un par de años, presentaba su producto, lo enseñaba y lo entregaba a la prensa unas semanas después. Ahora, lo que antes era un “regalo”, se ha convertido en un préstamo: cuando presenta un nuevo modelo, se lo cambia al periodista por el último que le dejó, de manera que el profesional tiene siempre el último artilugio.

Cuento todo esto tras reflexionar sobre dos hipótesis. La primera: ¿Qué hubiera ocurrido si Samsung, en lugar de esperar unas semanas a entregar el Note 7 a los periodistas, hubiera hecho lo que Huawei, de entregarlo en la misma presentación? ¿Alguien se imagina que le hubiera explotado a alguno de ellos? Con lo que somos los “plumillas”. Vamos, que Samsung tiene que “cerrar”…

La otra es, ¿qué pasaría si este problema que ha tenido la firma coreana, le ocurre a Apple? Lo tengo claro: la multinacional americana no creo que lo superara. Samsung es un “monstruo” de compañía, con productos de todo tipo, capaz de superar este revés. Cierto que va a sufrir, que le va a costar una billonada recuperarse, pero seguro que no pone en peligro su futuro.

Apple, en cambio, es una empresa de tres productos, de tres patas (móviles, informática profesional y wearables), que si le rompe una, se cae sin posibilidad de levantarse. No creo que tuviera tiempo de recuperación: dos tercios de sus ingresos provienen de la división de smartphones. Y, si no, que se lo cuenten a Nokia, dedicada casi en exclusiva a la fabricación de móviles, que llegó a tener un market share mundial del 60 %, y que, en seis meses sin producto competitivo, se arruinó: finalmente, vendió su parte de móviles a Microsoft y, a día de hoy, no saben qué hacer con ella.

 

Lío en Ametic, la patronal de las TICs integrada en la CEOE. Lo de siempre: peleas por el poder. Los grandes fabricantes, con Telefónica y Orange a la cabeza, no están muy conformes con tener un solo voto para sus respectivas empresas, cuando aportan mucho más de cuota que el resto de empresas que conforman la asociación. La vida, y la democracia es así: vale lo mismo el voto del tonto, que del listo… alguien dijo que eso era la grandeza de la democracia.

1 Comentario

  1. Parece que hay un poco de prejuicio contra el fabricante Apple y su política de presentación de nuevos modelos. El único comentario que se hace para justificarlo es que no ha entregado nunca un terminal nuevo a los periodistas (solo a unos pocos).
    No conozco muy bien este mundo de las presentaciones de los nuevos modelos pero creo que es un éxito (que querrían tener todos los fabricantes) que salga en las noticias de casi todos o todos los telediarios la presentación de un nuevo modelo de terminal.
    Y en segundo lugar, el modelo de negocio de la compañía Apple creo que es solido como el de cualquier empresa de ámbito mundial. Las crisis hay que estar preparado y saber gestionarlas para salvarse de ellas o saber superarlas, un ejemplo es el grupo Audi-Volkswagen al igual que Samsung (aunque el modelo que tuvo el problema no era el terminal estrella de la marca).